domingo, 29 de noviembre de 2009

Instrucciones para detener el tiempo...

.
Quién más y quién menos ha oído o proferido alguna vez frases del tipo: el tiempo pasa volando, hace nada era verano y sin darnos cuenta ha llegado la Navidad o cosas como parece que fue ayer cuando íbamos al colegio… Y pienso que quizás habréis tenido la frustrante sensación de que el tiempo va muy rápido y que no hay manera posible de detenerlo.

Por lo tanto, tras muchas duras cavilaciones, he recogido aquí una serie de “instrucciones” o “trucos” que harán que cada una de vuestras horas parezcan días, y cada uno de vuestros días semanas... Muchas de las circunstancias están probadas durante largos meses (que me parecieron años) en mi persona, y puedo corroborar que funcionan, otras me las han contado. Ahí van:

Para empezar es principal conseguir un trabajo que no te guste lo más mínimo. Ve al trabajo las máximas horas posibles, pero no hagas absolutamente nada. Intenta no hablar con ninguno de tus compañeros, tómate los menos descansos posibles, y no vayas al baño hasta que salgas. Te aseguro que cada jornada se te hará eterna.

Es primordial que te paguen poco, o si tienes la mala suerte de que tu sueldo es alto, gástatelo todo en los primeros días, cada mes te parecerá que nunca se acaba.

Duerme muy pocas horas, aunque no tengas nada que hacer. Ten muchos hijos, ya verás como muchas noches se te harán interminables.

Llega una hora antes a cualquier cita: ya sea del médico (si es de la Seguridad Social mejor), o con tus amigos. Ah, y nunca lleves nada para hacer la espera más amena como libros o música, nuestro cometido es que esa hora nos parezca inacabable.

Cuando quedes con tu familia o amigos deja que los demás hablen durante todo el rato, sólo abras la boca para pregúntales por su trabajo o pídeles que te cuenten anécdotas de sus animales de compañía. En las fiestas o reuniones, si quieres que al dueño se le haga la velada eterna (haciéndole un enorme favor), si ves que tiene cara de sueño, no te lo pienses, sírvete otra copa. Si cuando la terminas observas que el anfitrión cierra los ojos o amaga un bostezo, hazlo por su bien, sírvete otra copa más. Ya verás como te lo agradece.

Por último, es primordial que te compres una casa y que pongas tu hipoteca al plazo más grande posible, de esta forma verás que los años pasan muy lentamente, y que tu deuda se alargará lo que a ti te parecerá que son varias vidas.
.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Un vídeo cortaciano

.
Mi otro dios junto con goggle, como saben ya muchos que me conocen, es Julio Cortázar. El gran autor argentino decía que la fotografía perfecta no era la que tenía el enfoque correcto, o la luz apropiada o los elementos correctamente acoplados en un paisaje de ensueño... Él pensaba que si existía tal fotografía, en esta debía aparecer algo inesperado o mágico que no habíamos querido plasmar pero que hacía de esa instantánea algo especial y, en cierta manera, sobrenatural.

Trasladando esta idea de la fotografía al vídeo (porque yo lo valgo). Creo que este documento que ahora os presento, es lo que podría llamarse un vídeo cortaciano. Todo ocurrió un día de mayo de hace dos años, simplemente estaba probando la cámara frente a una casi desierta playa de Alicante, queriendo dejar constancia de la belleza del mar y de su sonido relajante y hermoso, cuando grabé lo siguiente:





Siempre me he preguntado quién sería aquella mujer del bañador rojo, a la que no había observado antes de ponerme a grabar; de dónde salió, con aquella extraña manera de correr. El caso es que han pasado algunos años y no se me saco de la cabeza este absurdo vídeo. Y lo que es peor, sin encontrarle la más mínima lógica, no puedo dejar de verlo.

domingo, 22 de noviembre de 2009

¿Para qué sirven los mocos?

.
No sé como ha podido ocurrir pero me he encontrado a mí mismo escribiendo en el buscador de google (¡¡oh dios que todo lo sabe!!) la curiosa a la vez que asquerosa pregunta: “¿Para qué sirven los mocos?”

Bueno sí sé porque he terminado así, quizás veinte días seguidos expulsando este agradable fluido me estén acercando a pasos agigantados a la desesperación. Como era de esperar, las respuestas van de lo más repugnantemente científico a lo más repulsivamente humorístico. Lo más curioso que he encontrado son numerosos estudios que han llegado a la conclusión de que comerse la susodicha secreción verdosa es bueno para la salud.

Un médico austriaco va y dice: “El hecho de meterse el dedo en la nariz y comerse el moco es de sentido común y muy natural en el ser humano, ya que esto es una buena manera de reforzar el sistema inmunológico”. Y parece ser que un grupo de investigadores británicos y estadounidenses han señalado que “el acto de meterse el dedo en la nariz es una actividad estimuladora de una parte del cerebro”.

Sin personalizar demasiado, creo que mucha gente (incluido yo, claro) es mucho más sana y tiene estimulado una parte del cerebro más de lo que piensa. Por otro lado estos efectos presumiblemente beneficiosos se evaporan cuando estos mocos, son amasados formando cuerpos circulares y pegados debajo de la mesa o lanzados sobre alguna persona y/o cosa. Aquí el instinto falla, o quizá las costumbres de uno de los animales que más ingerimos nos posee, y nos acercamos peligrosamente al cerdo.