viernes, 8 de enero de 2010

Ya se ha ido mi tía abuela (mi cuento de Navidad (qué pasa, ¿que Charles Dickens puede y yo no?))

.
Ahora que ya han pasado irremediablemente las navidades, me parece que son como esa tía abuela que viene a visitarnos siempre en las mismas fechas, regularmente, año tras año o mes tras mes.

Es una viejecilla amante de las tradiciones, no sabe por qué, pero las sigue sin fisuras y quiere que todos los demás las sigamos. Quizás piensa que tiene esa sagrada autoridad que dan los muchos años, o se escuda en que algo que siempre se ha hecho así, así debe seguir realizándose

Bajo la mirada atenta de mi tía abuela, realizamos los ritos uno a uno, sin dejar ninguno de lado, como si de un juego de puntuación se tratase, y el que mejor siguiera sus indicaciones, ganase la partida.

Todo pasa rápido. En algunos momentos dudo de todo, me quiero bajar de ese tren al que me han obligado a subirme (entre muchas personas han comprado mi billete) pero no lo hago, o si lo hago sin que nadie se entere, a escondidas.

Al fin pasan los días y mi tía abuela parte. Su visita se ha terminado, y mientras dice hasta la próxima, ya le estoy echando de menos. Y con cierto desasosiego noto que ya no podré durante algún tiempo resguardarme bajo la manta de lana que tejió para mí, donde siempre hace calor, donde nada nunca falla.
.