miércoles, 29 de junio de 2011

Diario de un peregrino con legañas (... y VIII)

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Etapa 8. Lavacolla – Santiago de Compostela (12 kms) 01-IV-11

Amanece soleado el último día, si nada extraño ocurre en unas horas alcanzaremos nuestra meta: la Catedral de Santiago de Compostela. Noto sobre mis piernas el peso de las diez horas que caminamos ayer y creo que también los 200 km que ya llevamos desde Ponferrada. Los primeros pasos de la jornada son muy hermosos, entre bosques, pero pronto traspasamos un polígono industrial y el aeropuerto, parece que volvemos poco a poco a la civilización.

Pero pronto llegamos a un lugar épico del Camino: el Monte de Gozo. Desde aquí, cerca de la extraña estatua, es el primer lugar desde el que se ve una de las torres de la Catedral, de ahí el gozo, la meta es tangible. Nos hacemos unas cuantas fotos y continuamos, yo me quedo con esta perspectiva luminosa de una pequeña iglesia que hay al lado.



Desde ahí, ya todo es descenso hacia la ciudad, traspasar la autopista, y volver el molesto ruido de los coches pasando a toda velocidad sobre el asfalto, los bares, las tiendas, la lasciva acumulación de los centros comerciales, los edificios altos, y lo peor, la mayoría de los árboles que van quedando brillan en rojo, ámbar o verde según el momento.


Estos últimos pasos, son como un pequeño resumen, por delante de mi pasan los mejores y peores momentos de los últimos días, y sé que en cualquier recoveco la Catedral se alzará y todo habrá llegado a su fin. Y así ocurre, por suerte suenan gaitas y todo es más mágico aún. Accedo con miedo pero con determinación a la Plaza del Obradoiro, pronto voy viendo gente con la que he coincidido en algún punto del Camino y me abrazo con ellos, la alegría lo inunda todo, incluso abrazo a un turista chino que pasaba por allí.
Luego a recoger la credencial, entrar a la misa y huir lo más rápidamente posible. Ya fuera, sin soltar la mochila me siento en un lateral de la plaza. Un hombre muy simpático me pide una foto y me hace a mí otra.





Por último he de decir, que terminar de escribir esta agenda me costó unos cuantos días, quizás porque su fin significaba la conclusión de esta increíble aventura, que había comenzado ocho días antes en Ponferrada, cuando Dani y yo mirábamos con ilusión desde la ventana del albergue las nevadas montañas de Asturias, que se veían a lo lejos. Y sobre todo espero, que este no sea un punto final, sino más bien unos puntos suspensivos…


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domingo, 12 de junio de 2011

Diario de un peregrino con legañas (VII)

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Etapa 7 Castañeda- Lavacolla (33 kms.) 31-III-11

Es un día extraño y novedoso, al despertarnos hace un sol rotundo, no hay ni una sola nube en el cielo coruñés, además ya sólo nos quedan dos etapas y unos 43 kms. Si queremos llegar a la misa del peregrino, que se celebra a las 12, tenemos que acercarnos mucho a Santiago o madrugar el último día. A mí me da igual, así que viendo el precioso día que hace, vamos a aprovechar y avanzaremos todo lo posible.

Pero el sol empieza a apretar demasiado, y aunque a Dani el calor le ha dado alas, a mí me ha venido algo peor, ya que las ampollas que estaban a punto de salir, han asomado la cabeza y a media mañana cada paso comienza a ser un suplicio. Ya no tengo claro con que parte del pie apoyarme, y el palo no puede hacer todo el trabajo. Además siento un nuevo peso, algo que llevaba en la mochila y cada paso que doy va pesando más, y es la sensación de que la aventura se va irremediablemente terminando.


Seguimos los cuatro, Katya, Sergio, Dani y yo, traspasando los increíbles bosques de eucaliptos que nos dan algún respiro bajo el sol abrasador del mediodía. Descansamos un rato comiendo un bocadillo en un bar perdido, donde el camarero y un guardia civil juegan al tute entre gritos, yo veo la escena en blanco y negro.

El siguiente descanso es en Pedrouzo, ya son las cinco de la tarde, siento que no puedo dar un paso más, y además ya no hay casi albergues hasta Santiago. La única opción es caminar unos 10 kms más para llegar al hotel que hay en Lavacolla, así que llamamos, reservamos habitación y sufro mientras veo como se aleja atrás, a lo lejos, el precioso albergue de Pedrouzo.

El último tramo es una verdadera tortura para mí, como si nuestro destino se alejara al mismo ritmo que doy cada paso. El sol no da tregua a mis pies, sólo quiero llegar y lo antes posible. Mis compañeros me dan ánimo y al fin, sobre las 19:30, vemos el letrero del hotel. Prácticamente hemos caminado de sol a sol. Ya sólo quedan unos diez kilómetros para Santiago. Al menos, pienso mientras escribo estas palabras en el hall del hotel, algo muy grave tiene que sucedernos para no conseguir finalizar nuestra aventura, y antes de las 12. Nunca pensé que tendría que hacer tanto esfuerzo para llegar a una misa.
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miércoles, 1 de junio de 2011

Diario de un peregrino con legañas (VI)

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Etapa 6 Airexe- Castañeda (30 kms.) 30-III-11

La sexta etapa comienza extraña, tras la cena del día anterior en el único bar del pueblo, la camarera nos pregunta a qué hora queremos desayunar al día siguiente. Le decimos que a las 8 está bien. Pero al dirigirnos al restaurante este no tiene vida, son las 8:15 y empezar a caminar sin comer nada se nos hace cuesta arriba. Esperamos un rato y poco a poco todos los que han dormido en el albergue con nosotros van partiendo, a una hora de camino hay un sitio para desayunar. Nosotros nos resistimos a comenzar, si ha dicho que abre es que abre. Pero, son las 9 y ni rastro de la mujer del restaurante, así que tras una hora de acordarnos de la buena mujer y de su sagrada familia comenzamos la etapa. Menos mal que siempre los primeros kilómetros se pasan volando, y pronto estamos tomando nuestro ansiado desayuno, obvia decir, que es el más suculento que hemos tomado en nuestra vida.

La etapa está llena de pronunciadas subidas y bajadas, lo que se hace muy duro, pero los paisajes son increíblemente verdes, menos el fosforito, se dan todas las tonalidades. De pronto algo ocurre, Dani va un poco por delante de mí, yo siempre me enredo haciendo fotos y más fotos, una mujer nos llama a lo lejos, se echa las manos a la cabeza y se santigua mientras dice: “Peregrinos, gracias a Dios, ayuda, por favor”. Cuando llego, observo que un coche tiene una rueda en una acequia y está inclinado de tal forma que las tres personas (los padres y la hija) no son capaces de sacarlo. Les ayudamos como podemos, empujamos de cualquier sitio, nos subimos detrás y con suerte, tras un buen rato lo conseguimos. Estamos más cansados, si cabe. Pero aunque vamos algo tarde, el hombre se empeña en invitarnos a una cerveza, nos sentamos en un gallinero y allí degustamos nuestro preciado trofeo. Siento que le hemos devuelto al Camino un poco de todo los que nos ha regalado. Mientras nos da mil gracias le pido al hombre que nos tome una foto, este es el movido resultado:



Nuestro siguiente objetivo es Casa Ezequiel, en el pueblo de Melide, dicen que se come uno de los mejores pulpos del camino. Tras dos horas de dura caminata lo alcanzamos, son las 15 horas y la ración de pulpo con cachelos es impresionante, no sé si vamos a ser capaces de seguir andando, aún nos quedan un par de horas para llegar a nuestro destino. Hemos hablado con Katya y Sergio sobre dónde dormiríamos, pero al ritmo que van ellos seguro que avanzan unos kilómetros más.


Sobre las 18 horas llegamos al albergue de Castañeda. Es un albergue privado que sólo tiene una habitación para cuatro, y una novedad: ¡las camas tienen sábanas y mantas! Cuando salgo de la reconstituyente ducha, veo que Katya y Sergio han llegado también, no sé cuándo les hemos adelantado ni cómo hemos conseguido llegar antes que ellos, sobre todo, con tanto pulpo en el cuerpo. Pero es una gran alegría. En la cena degustamos un fantástico menú del peregrino, y nos hemos reído bastante cuando Sergio se ha bebido unos cuantos chupitos de licor de hierbas, el suyo, el de Dani, el de Katja y otro que le ha regalado el simpático camarero. Katja se va dormir algo preocupada, seguro que esa noche alguien no le deja dormir a fuerza de ronquidos.