
(Las fotos siguen siendo de Nico)
Ya a la vuelta al albergue Norddinne nos espera para seguir guiándonos a su antojo por el sur de Marruecos. Es muy pronto, deben ser las 10 de la mañana, pero el calor es sofocante, debe haber unos 50 grados. Norddine nos lleva a una aldea cercana donde hay un grupo de música Khamlia. La música de este pueblo es de origen subsahariano y fue traída por esclavos de Senegal, Sudán y Malí.
No hay nadie por la calle, parece un pueblo fantasma, pero en una de las cabañas nos esperan los músicos para darnos un concierto sólo para nosotros cinco. Y, cómo no, para invitarnos a un té y unos cacahuetes. Los seis músicos ataviados con chilabas blancas tocan varias canciones y luego nos sacan a bailar.

http://www.youtube.com/watch?v=M2J53QXBJFE
Tras este momento surrealista pero sin duda irrepetible, Norddine nos lleva a nuestro siguiente punto del viaje. Norddinne ya es uno más, ha dejado de ser el guía, quiere continuar con nosotros, aún no quiere volver a su bello oasis donde comenzó la andadura. Dice conocer gente en la ciudad a la que vamos: Tinerhir, aunque creo que dice eso de cada ciudad que pasamos, incluso de las españolas. Por el camino alguna tormenta de arena que otra y mucha conversación, mientras traspasamos el sur marroquí.
Ya en Tinerhir, en el hotel en el que hemos reservado la azotea para dormir, nos despedimos de Norddinne con mucha pena, pero conscientes de que su papel en nuestro viaje ha llegado a su fin. Nos vamos, sabiendo que él continúa con su viaje casi eterno, eso sí, sin desprenderse nunca de su camiseta roja, los ajados vaqueros, el turbante azul y sus gafas de sol.
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