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No sé por qué lo he leído, así como de refilón en la agenda del trabajo, ya que nunca me fijo en ella. En la hoja ponía que hoy día 9 de agosto de 2012 a las 18 horas 55 minutos, se producía el cuarto menguante. Siempre me han dado mal rollo las cosas tan exactas, esos sucesos que para que ocurran tienen que confluir tantas cosas.
He llegado a casa sobre las 18:00, me he relajado en el sillón viendo alguna prueba de los juegos olímpicos, he merendado una manzana aderezada por unas cuantas patatas fritas y de pronto me ha venido a la cabeza la imagen de la agenda de mi trabajo, he mirado el reloj del salón y marcaba las 18 horas 53 minutos, sólo quedan dos minutos, he pensado mientras me acercaba hasta el despacho a coger la cámara de fotos, quería dejar para siempre aquel exacto momento.
Desde la ventana de mi despacho se veía la luna mejor que desde el salón, así que he mirado por el visor, he acercado la imagen con mi zoom, y he esperado a que fueran exactamente las 18 horas 55 minutos. He vuelto a observar el reloj de mi móvil y ya era la hora, siempre lo llevo con cierta precisión. La luna era un semicírculo que miraba hacia abajo ligeramente ladeado. Así que he apretado el botón de mi cámara.
Desde ese momento mi cuarto es mucho más pequeño, apenas cabe la mesa del ordenador, y los armarios han quedado a la mitad. He tenido que habilitar estanterías en otras habitaciones para colocar los libros que han quedado desperdigados por el suelo. Menos mal que según mi almanaque, el 24 de agosto de 2012 a las 13 horas y 54 minutos se produce el siguiente cuarto creciente, tengo la absurda esperanza de que todo va a volver a su sitio.
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