domingo, 22 de julio de 2012

Mira que... un poco de violencia

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Mira que siempre he pensado que la violencia no lleva a ningún sitio, que no sirve nada más que generar más violencia, sin beneficio de ningún tipo para nadie.

Mira que siempre he creído en el diálogo como modo de solucionar los problemas, en las buenas palabras, en los debates, en la confrontación de ideas.

Mira que intento sacar lo mejor de los demás, aunque tengan otras formas de ver el mundo, otras culturas, otros idiomas.

Mira que hago un enorme esfuerzo en ponerme en el lugar del otro, en cambiar la perspectiva, en mirar con otras gafas lo que me rodea. Y creo que lo consigo.

Y aunque me duela, los últimos acontecimientos, declaraciones y decisiones, me están haciendo cambiar de opinión. Es duro, pero tras una meditada y ardua búsqueda de soluciones, he llegado a la conclusión, de que sólo podemos salir de esta situación en la que nos han metido utilizando la violencia.

Menos mal que últimamente juego al ajedrez.

P.D. Ya se que esto no es una carta, pero siempre me ha encantado escribir postdatas.

P.D.2. Somos peones. Sólo tenemos dos opciones: o quedarnos quietos o avanzar poco a poco hacia adelante…
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martes, 10 de julio de 2012

Mis gafas de sol y yo, una historia con moraleja

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A pesar de tener los ojos claros, siempre he sido reacio a utilizar gafas de sol, no sé, me parecía que eran un filtro que deformaba la realidad, que falseaba los colores, que los trasladaba a un tono más aburrido y tenue. Aparte de esto, la verdad es que nunca me han quedado bien. Pero hace poco encontré unas gafas que se adaptaban a mi cara y ahí comienza esta historia.


Por las mañanas, cuando el sol estaba aún muy bajo, me las encajaba e iba tan “feliz” al trabajo con los ojos bien abiertos. Por las tardes, al salir de la oficina, según traspasaba las puertas, el primer gesto era colocarme mis gafas. Todo normal hasta el primer día que se me olvidaron en casa. Entonces me di cuenta que de pronto era incapaz de abrir los ojos con aquella claridad temprana, pensando que incluso podía provocar un accidente de lo mal que veía.

Así que ya no me las quitaba casi para nada, hasta que en mi primer día de vacaciones en Lanzarote las perdí, gran momento. Entonces, mientras encontraba otras que me gustaran, cosa harto improbable, me di cuenta que día a día mi vista volvía a ser la de antes. Progresivamente iba aguantando la luz con menor esfuerzo, volví al trabajo y las primeras luces de la mañana tampoco me molestaban. Y esta es la historia.

Moraleja: si tienes un blog, si nunca usas gafas de sol y de pronto te compras unas, si empiezas a usarlas y al tiempo las pierdes; no te quedara otra que escribir una aburrida historia sobre ello, y lo peor, no podrás evitar incluir una absurda moraleja.
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