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(Tras un largo viaje en autocar de cinco horas, llegamos al albergue de Ponferrada. Nada más entrar unos "guiris" nos preguntan in english si venimos caminando, como extrañados de que lleguemos a las 23 h.. Mientras, el hospitalero nos da las credenciales y nos explica las normas, que básicamente son: os vais a dormir ya y a las 7 de la mañana nos vemos. Dormimos en una habitación con dos literas para nosotros, pongo el despertador a las 7:43, mañana comienza la aventura: ¡¡Qué Santiago nos pille confesados!! A por él vamos...)- Etapa 1: Ponferrada - Perexe (28 kms.) 25-III-11.
El día comienza revuelto, las nubes amenazan lluvia y nos va cayendo agua a intervalos durante toda la etapa. Para empezar, hemos hecho todo lo que dicen las guías que no se debe hacer el primer día: caminar más de 20 kms, no hacer casi descansos y coger agua no potable. Eso sí, que nos quiten el pulpo con cachelos que hemos comido en un pueblecillo llamado Cacabelos (y rima).
Lo que menos me ha gustado de la etapa, es que hay demasiado terreno asfaltado, lo que ha hecho que surgiera la primera ampolla en mi pie derecho. Eso sí, no hemos necesitado hombre del tiempo, cada vez que me he quitado la capa de lluvia, ésta, como si de un sortilegio se tratara, ha surgido con ganas, y viceversa.
Al fin, exhaustos, hemos llegado al albergue de Perexe, allí no hay nadie para atendernos, sólo dos mujeres que parecen alemanas, y que por tanto no hay quien las entienda. Son la fantasía de cualquier cincuentón divorciado, no en vano, puedo ver la turgente ropa interior de las susodichas mujeres colgadas en el tendedero. Cuando ya pensamos que vamos a pasar la noche los cuatro solos, aparece nuestro cincuentón, se trata de un finlandés muy simpático que nos pregunta con un curioso acento: ¿calefacción? Yo, con todo el frío de mis pies le respondo que no.
Ya en la cena, en el único restaurante del pueblo, la chica nos dice que la calefacción del albergue está estropeada y que nos va a dar leña para que caldeemos el ambiente (por si no lo estaba ya). Cuando volvemos al albergue con la leña, pensando como se lo vamos a explicar a nuestros compañeros, resulta que ya están encamados y con la luz apagada: ¡Son las 21 h., joder! Buscamos la famosa chimenea y resulta que se encuentra en la planta de arriba. Así que viendo las pocas posibilidades de encender el fuego y de que el calor vaya hacia abajo, desistimos de cualquier intento.
Antes de dormir, mientras escribo estas palabras, he de decir que Dani ha terminado con el ruido de un enorme reloj de cuco, de esos que dan las campanadas cada hora en punto y da el coñazo con una música atronadora cada quince minutos. Aunque la verdad, con la paliza que llevamos encima, creo que cuando caigamos dormidos, ni el reloj de la Puerta del Sol va a ser capaz de despertarnos…