domingo, 28 de febrero de 2010

Pepi, Luci, Bom o por qué no puede sucederme a mí

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A veces se sacan ánimos de cualquier sitio, al menos a mí me pasa. Por ejemplo el otro día escuché la historia de cómo se rodó la película Pepi, Luci y Bom y otras chicas del montón de Almodóvar. Pero antes de nada no estaría mal que echaráis un vistazo a algunas de sus épicas escenas:



http://www.youtube.com/watch?v=l6_gOcSVtJA


Bueno, el caso es que Peeeeedrooo trabajaba como administrativo en la empresa Telefónica, y tardó dos años en filmar esta surrealista película. Como no disponía de dinero iba rodando con lo que le prestaban sus amigos, que a cambio obtenían un papel en la película; gente como Alaska o Carmen Maura. Antes había rodado la fantástica e inovidable película Folle... folle... fólleme ..... Tim.

Como no tenían permiso para filmar en la vía pública, rodaban muy pocas escenas y con sumo cuidado para que las multas no subieran el pobre presupuesto. Entre toma y toma pasaba en ocasiones tanto tiempo que es fácil encontrar algunos errores de vestuario o de localización. Aunque no tuvo muy buenas críticas, estuvo en cartelera en el Alphaville durante cuatro años sin interrupción, convirtiéndose en la película de culto de la movida madrileña.

En conclusión, que si alguien quiere invertir en mí (ya sea con dinero, unos pocos folios o suplantándome en mi apasionante trabajo) le prometo un personaje en mi novela, eso sí, la meada no está incluida, en ese caso hay un precio especial.
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martes, 23 de febrero de 2010

Sólo pido un poco de comprensión

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Quiero que me perdonéis. Que seáis clementes con mi persona. Que hagáis efectiva esa frase que tantas veces he oído decir, algo así como todo el mundo tiene derecho a equivocarse. Y qué pasa, que yo no formo parte de este mundo, vale que a veces esté un poco fuera, que me pierda en caminos sinuosos, o que no encuentre la salida donde todos la veis. Pero hay ratos que confieso que si estoy dentro.

Deseo que no me condenéis por tan poco, o quizás a vosotros os parezca tanto que no seáis capaces de olvidarlo, de hacer borrón y cuenta nueva. A lo mejor os sentís como un martillo que ve un clavo que se ha salido de su lugar, y un impulso irreprimible os obligue a golpearme, a hacerme de una vez por todas entrar en razón. Si es eso lo que sentís, por favor, no lo hagáis.

Sólo pido que no me dejéis de lado, en la más triste de todas las soledades, aunque sepáis que no voy a hacerlo, que no tengo de dónde sacar las fuerzas. Haced un esfuerzo sobrehumano, por favor, pero perdonadme el hecho de que no haya leído “El código Da Vinci”. Sé que en el fondo podéis.

Ah, y ya que nos ponemos, sé que va a ser duro para vosotros, pero por favor, pasar por alto que no haya visto completo ni un solo capítulo de “Friends”. De verdad que lo siento. Sólo pido un poco de comprensión.
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domingo, 14 de febrero de 2010

Fechas de caducidad

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El otro día, comprando en un centro comercial, descubrí con cierta amargura, por eso de sentir que soy uno más sin nada de originalidad, que no era el único que se tiraba media hora frente a la estantería de los yogures revisando, como un perro sabueso entrenado, las malditas fechas de caducidad. Porque la verdad, para mí no hay nada tan deprimente y que provoque tanto fastidio como que se me caduque un yogur en la nevera. ¿Qué haces con él? ¿Te lo comes como si tal cosa? ¿Lo tiras a la basura por si acaso? ¿Lo introduces en un bunker nuclear para no acabar con toda la humanidad?

Luego paseando entre los estantes descubrí con cierta sorpresa que en las zonas de las bebidas alcohólicas, todo hijo de vecino, llena el carrito a mansalva de cervezas, como si fueran a imponer en poco tiempo la Ley Seca, pero eso sí; nadie hacía atisbo de observar la famosa fecha de caducidad. Y yo me pregunto, para qué narices le ponen fecha de caducidad en las cervezas, si siempre te las vas a beber antes de que caduquen. Y es más, me imagino a altas horas de la madrugada en un pub, pidiendo un tercio con la coletilla, y que no esté caducada, eh.

Luego pensándolo bien, hay productos en los que ponen la fecha de caducidad para hacer daño, como por ejemplo, en las cajas de preservativos. Yo creo que lo hacen como diciendo, si no los gastas antes de esta fecha tienes menos actividad sexual que la Duquesa de Alba. Y qué pasa si el día que los has usado descubres que hacía tres meses que habían caducado... te acojonas y te preguntas si tendrás extrañas consecuencias.

Y luego me da por pensar, si yo tendré en algún sitio tatuado como los huevos de gallina de los supermercados, mi fecha de caducidad en tinta roja. Pero por mucho que busco no encuentro nada similar y me quedo con las ganas de saber, si alguien me comiera, qué tal le sentaría.
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sábado, 6 de febrero de 2010

Pequeña reflexión

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Muchos sabios son los que han dicho que para ser feliz hay que disfrutar de las pequeñas cosas que nos da la vida. Y eso me ha hecho preguntarme a qué cosas se referían para poder disfrutar de ellas. La verdad es que no he pensado mucho, ya sabéis, tampoco está la cosa para desperdiciar neuronas.


Bueno, tras ese esfuerzo quizás innecesario esta vez sin copiloto, llego a la conclusión de que para alcanzar la felicidad debo disfrutar de mi pequeño sueldo, de mis pequeñas vacaciones, de mi pequeño coche (que sufre un pequeño escape de líquidos) y de mi pequeño mundo (consecuencia de todas las anteriores pequeñeces).


Pues no sé qué deciros pero según mi molesta opinión, algunos sabios tenían un pequeño gran error. Yo prefiero disfrutar de cosas grandes como la amistad, la risa, el sexo, los viajes, los libros, el deporte, la familia, el arte...


Eso sí, volviendo al tópico, que nadie diga que el tamaño no importa.
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