.
Quiero que me perdonéis. Que seáis clementes con mi persona. Que hagáis efectiva esa frase que tantas veces he oído decir, algo así como todo el mundo tiene derecho a equivocarse. Y qué pasa, que yo no formo parte de este mundo, vale que a veces esté un poco fuera, que me pierda en caminos sinuosos, o que no encuentre la salida donde todos la veis. Pero hay ratos que confieso que si estoy dentro.
Deseo que no me condenéis por tan poco, o quizás a vosotros os parezca tanto que no seáis capaces de olvidarlo, de hacer borrón y cuenta nueva. A lo mejor os sentís como un martillo que ve un clavo que se ha salido de su lugar, y un impulso irreprimible os obligue a golpearme, a hacerme de una vez por todas entrar en razón. Si es eso lo que sentís, por favor, no lo hagáis.
Sólo pido que no me dejéis de lado, en la más triste de todas las soledades, aunque sepáis que no voy a hacerlo, que no tengo de dónde sacar las fuerzas. Haced un esfuerzo sobrehumano, por favor, pero perdonadme el hecho de que no haya leído “El código Da Vinci”. Sé que en el fondo podéis.
Ah, y ya que nos ponemos, sé que va a ser duro para vosotros, pero por favor, pasar por alto que no haya visto completo ni un solo capítulo de “Friends”. De verdad que lo siento. Sólo pido un poco de comprensión.
.