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Han pasado 15 días extraños, tras lo que ocurrió en mi despacho de casa el 9 de agosto. Salvo a vosotros, no le he contado a nadie que mi cuarto increíblemente se ha estrechado, no vayan a pensar que soy un lunático. Además he tenido la rara sensación como si la gente que me rodea me ocultara algo, como si todos lo supieran e incluso hablaran de ello a mis espaldas.
Hoy, 24 de agosto, cuando le he pedido a mi jefe salir antes del trabajo aduciendo asuntos personales, me ha parecido muy anómalo que, sin ni siquiera rechistar, aceptara, era como si ya estuviera esperando que se lo dijera. Sólo ha asentido con naturalidad, y ha seguido mirando obnubilado la pantalla de su ordenador.
Sobre las 13:45 horas estoy ya en casa, sólo quedan 9 minutos para que se produzca el cuarto creciente. Así que estoy disponiendo las cosas como hace 15 días, creo que es la única forma de que todo vuelva a su ser. Ya tengo mi cámara réflex agarrada y en el visor apunto a una luna que esta vez, es como una estrecha D ligeramente inclinada hacia la izquierda.
Miro el reloj de mi móvil y sólo queda un minuto. Estoy más nervioso de lo normal, una gota de sudor de mi frente resbala por el visor de la cámara y la luna se desdibuja. Ya es la hora exacta. Un pequeño temblor surge de algún sitio, todo se mueve y la habitación comienza a crecer muy lentamente. Cuando llega a la mitad de lo que había decrecido hace 15 días, todo se detiene. Tras unos segundos de tensa espera, nada más ocurre.
Intento calmarme y reflexionar sobre lo que acaba de ocurrir. Pero sólo logro entresacar una idea que sobresale de las demás entre la confusión que invade mi mente, está en mayúsculas y en negrita. Y aunque no sé si consigo comprenderla del todo no puedo evitar pensar que: SIEMPRE PASA LO MISMO…
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