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El otro día, en un momento de luminosidad cerebral, con mis neuronas en plena esfevescencia, llegué a la jodida conclusión de que nunca seré rico, o si llegara a serlo por un golpe de la fortuna, lo disfrutaría por un corto periodo de tiempo. Cómo llegué a esa estupenda conclusión es lo que paso ahora a relataros.
La razón principal es que me di cuenta que tengo más hobbies que en ocho Comarcas (sí, ya sé que los de aquella zona de la Tierra Media se escriben con "t" final, pero permítaseme el desliz en pos de un intento de humor absurdo). Porque he comprobado que según pasan los años, en vez de ir perdiendo hobbies para ir adquiriendo otros más acordes con la edad, lo mío es una desordenada acumulación, con el consiguiente gasto monetario.
Por poner un ejemplo, las dos últimas cosas a las que me he enganchado en los últimos meses son la fotografía y el snow. Y ambas necesitan en un comienzo un desembolso dinerario interesante, y lo peor, muchos más gastos si quieres evolucionar e ir disfrutando de ciertas mejoras. Con lo divertido y barato que era cuando de pequeños pasábamos las horas eternas en el polideportivo.
Y encima, si llegara a ser rico por las casualidades de la vida (ya os digo yo que trabajando no va a ser), seguro que no vería ningún problema en almacenar algún entretenimiento nuevo (y caro) más a mi montaña de hobbies. Se me ocurre que podría ser el golf o las carreras de yates a lo que me aficionara. Y si eso no es suficiente para dilapidar mi supuesta futura fortuna, estoy convencido que sería capaz incluso de inventarme algún entretenimiento nuevo como jugar al golf mientras hago carreras de yates.
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