Siempre he pensado que cada cosa tiene, como mínimo, infinitos puntos de vista. Y sin ir más lejos, hace poco, mientras degustaba unas ricas raciones en la Plaza Mayor de Villanueva de los Infantes, observé a lo lejos la siguiente imagen, que procedí a fotografiar con mi teléfono móvil:ca

Pensaréis, casi seguro con acierto, que mi mente está algo sucia; y yo me defendería diciendo que la sociedad, que si la publicidad, que si la testosterona... lo cual nos llevaría a una extraña y casi eterna discusión. El caso es que a mí me pareció desde mi posición que Sancho le demostraba más "cariño" a su burro Rucio que el que se puede deducir tras varias lecturas de El Quijote. Me eché las manos a la cabeza, caminé de un lado para otro, hasta que los que me acompañaban en la mesa, me obligaron a sentarme y me quitaron de delante la que debía ser mi octava cerveza.
Tras acabar de comer,varias horas más tarde, me acerqué a la "hermosa" escultura. Y me quedé estupefacto; todo había cambiado de repente. Lo miré y remiré con cara de director de cine, y deduje que quizá un extraño encantamiento había transformado la disposición de las figuras. Agarré mi móvil de penúltima generación, y saqué esta instantánea que paso a mostraros:
Por suerte, la imagen no era lo que parecía, y menos mal, porque por un momento pensé que en aquel hermoso pueblo manchego, de cuyas migas no logro olvidarme, estaba viendo molinos donde había gigantes.
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