miércoles, 16 de diciembre de 2009

Bajo las sábanas... cualquier noche de invierno

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Mi chica (M) es muy friolera, y las frías noches de invierno, no es raro que ponga sobre el edredón de plumas y la colcha, alguna manta antes de dormir. Tampoco suele olvidar encender un pequeño calefactor eléctrico que aloja a su lado (el derecho) para caldear el ambiente. Ya dentro, se acurruca dentro de su pijama y no se mueve nada para acumular el máximo calor posible.

Cuando yo llego, casi siempre algo más tarde, me quito casi todo, menos la piel, porque no queda bonito. Y la cama es el polo norte en mi lado (el izquierdo), mientras que en el espacio de M ya es verano. Un verano sofocante y tropical. Cuando transcurre un rato nuestros calores se tropiezan y se juntan bajo las sábanas: encerrados en un callejón sin salida. Es inevitable, al poco tiempo la cama arde.

Creo que a raíz de esto, una noche gélida no hace mucho, soñé que la temperatura subía tanto bajo las sábanas, que nuestros cuerpos se derretían como trozos de mantequilla. Ya por la mañana, con el fresco mañanero nuestros pies se habían fundido para siempre: el exterior de su pie izquierdo con el exterior de mi pie derecho. Ya éramos un solo cuerpo, inseparable, y soñé que debíamos caminar acompasando nuestros pasos para siempre.

Bueno, para ser sincero, creo que más bien fue una pesadilla.
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