Ruego que me perdonen por comprarme una casa cuando los precios estaban más inflados.
jueves, 17 de mayo de 2012
Ruego que me perdonen…
Ruego que me perdonen por comprarme una casa cuando los precios estaban más inflados.
lunes, 16 de abril de 2012
Para ese extraño personaje con mascarilla
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Este es un mensaje que lanzo a todos los dentistas, odontólogos y auxiliares de odontología que lean este blog. Bueno, como seguramente haya uno o ninguno, confío en que vosotros conozcáis a alguno y podáis extender este sincero mensaje.
El caso es que en las últimas semanas mis visitas al dentista se han hecho más regulares de lo había ocurrido en los últimos años para desgracia de mi cuerpo y, sobre todo, para desdicha de mi agujereado bolsillo. Tras la primera visita en la que los queridos odontólogos descubrieron que dentro de mi boca había una mina, acudo todas las semanas con resignación y cierto miedo escénico.
El último día, el martes pasado, la querida dentista y su auxiliar, ambas mujeres, se dedicaron durante la hora y cuarto que estuvieron asomadas a mi desencajada boca, a hablar de sus cosas personales. Una de ellas, estaba preparando su boda y la otra con ansia cotilla, la iba sonsacando todos los detalles.
Hasta aquí bien, no es uno de mis temas favoritos, los bodorrios, pero bueno, no queda otra. Lo que no termino aún de comprender es que en aquella situación incómoda para mí, pretendan meterme en su conversación e interactuar conmigo, sin pensar en ningún momento en mi boca abierta llena de aparatos. Comienzan haciendo bromas en las que su intención parece ser que me ría, sé que se dirigen a mí porque dicen mi nombre y además me golpean el brazo para que me sienta integrado.
Aquí comienza mi trascendental mensaje: pero es que no se dan cuenta que no puedo contestarlas y que si lo hiciera es probable que el “torno” ese odioso que tienen vibrando dentro de mi boca me trepanaría la encía o me haría el tercer agujero de la nariz. Pero es que no conciben que lo que menos me apetece en ese momento es reírme, ni hablar de trajes de boda o de invitados.
Bueno, en definitiva, que si conocéis algunas de estas extrañas personas que hurgan en nuestras malogradas bocas por un módico precio, os agradecería un montón que les trasladéis este sincero mensaje. Todo sea por el bien de la humanidad.
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jueves, 5 de abril de 2012
Cagar con copiloto II o “el efecto bote sinfónico”
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Mi querida empresa, aprovechando la crisis y siempre pensando en sus amados trabajadores, decidió por total unanimidad, trasladarnos al simpático pueblecito de Las Rozas. Cada cambio tiene sus novedades, pero, sin duda, no hay nada tan importante como dónde dejas tus inmundicias. Por ello he decidido continuar el texto Cagar con copiloto ya que sé de sobra que este tipo de textos escatológicos gustan sobremanera.
En este caso, el baño está compuesto por tres habitáculos cerrados por todas sus partes (menos por la puerta, claro), lo que mejora sin duda la intimidad que en esos momentos se requiere. Hasta ahí bien, pero claro, no puede ser todo tan bonito, porque pronto, cuando aparece alguien en el baño contiguo empiezas a descubrir ciertas cosas, nada agradables, por cierto.
Sucede que comienzas a oír todos los procesos vitales que va siguiendo el vecino que te ha tocado en suerte y enseguida te cercioras de que las paredes que separan los habitáculos son de cartón piedra, pero del malo, vamos, que son más cartón que piedra. Tras unos momentos musicales muy cercanos a la trompeta, no sales de tu asombro, cuando el vecino decide, como la lógica también lo requiere, coger papel, y entonces aparece de los surtidores un ruido ensordecedor bastante desagradable, eso sí, muy aprovechable para mi solo de trombón.
Pero la experiencia única, es cuando decides aposentarte en el habitáculo central y la suerte o el destino se alinean para que a ambos lados aparezcan compañeros con las mismas necesidades que tú. Porque entonces se produce el que yo he bautizado como “el efecto bote sinfónico”. No ocurre todos los días, pero cuando lo hace, de forma increíble los ritmos de las tres personas se sincronizan creando una música agradable al oído y de gran originalidad. Se podría decir que la música fluye. Por eso yo siempre utilizo el baño de en medio…
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viernes, 2 de marzo de 2012
Somos dragones
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Somos dragones
Sin saber qué hacer aquel domingo de invierno
Agarré a mi pereza y la saqué por el barrio
Comenzó a diluviar cuando estaba muy lejos
Y me puse a resguardo en ese chino tan raro,
Tras buscar y buscar entre estantes repletos
Me fijé en aquel libro de dibujos extraños
Por tres euros de nada, pude ver en sus letras
Que nacimos dragones todos los de mi año.
Queremos volar alto aunque nos rompan las alas
No echamos casi fuego aunque tengamos razones
Aún nos quedan Héroes, princesas y hadas
Aunque no lo parezca somos sabios dragones.
Salí de aquel lugar con mi pequeño tesoro
Y un paraguas vintage que tenían de saldo
Ya en casa lo leí, no diré sin alivio
Que no éramos ratas, ni conejos, ni gallos,
Los del setenta y seis somos algo especiales,
Ni perros, ni serpientes, mucho menos caballos,
Seres de fantasía, con problemas reales
Dragones de fuego, madrugando a diario.
Sabemos volar alto aunque nos roben las ganas
No echamos casi fuego aunque tengamos razones
Aún nos quedan sueños, aventuras insanas
Aunque nadie lo crea somos viejos dragones.
Pero algo ocurrió mientras estaba leyendo
Una rara sensación, yo no sé si contarlo,
Que podía volar, que mi cuerpo flotaba
Me asomé a la ventana y despegué sin pensarlo.
Vaya golpe me di, reboté contra un seto
Boca arriba quedé, sobre el suelo empapado
Sin reír ni llorar, sólo me preguntaba
Seremos inmortales los dragones de mi año.
Podemos volar alto si nos dejan las alas
No echamos casi fuego aunque tengamos razones
Aún nos quedan juegos, hipotecas, resacas
Aunque no lo parezca somos bellos dragones.
Sabemos volar alto aunque nos quiten las ganas
No echamos casi fuego aunque tengamos razones
Aún nos quedan miedos, que se quedan en nada
Aunque nadie lo crea somos viejos dragones.
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domingo, 19 de febrero de 2012
Creo que ya no aprenderé...
No sé por qué, pero creo que ya no aprenderé a perder sin enfadarme. Mira que he lo he hecho veces y de las más diversas maneras y nunca lograré hacerlo sin pillarme un bonito cabreo… Menos mal que al menos tengo ya edad para dar la mano con mi mejor sonrisa y la capacidad de simular que me alegro de la victoria ajena.
Creo que ya no aprenderé inglés, ni ningún otro idioma no materno. Es duro confesarlo y mucho peor vivirlo en mis carnes… Menos mal que sé utilizar el lenguaje de los gestos y sé intuir lo que dice se desprende de una mirada.
Creo que ya no aprenderé a decir que “no” cuando me ofrecen una cerveza. Y sobre todo, mucho más duro, a decir que “no” cuando ya me han ofrecido más de cinco cervezas y todo empieza a parecerme difuso… Pero al menos, cero que si sé mantenerme en silencio cuando todo se nubla y conozco la forma de no soltar más tonterías de las estrictamente necesarias.
Creo que ya no aprenderé a decir la frase precisa en el lugar y momento preciso, a tener las palabras que alguien desea oír y decirlas con la naturalidad del genio.
Menos mal, que aún me quedan tantas cosas, que con suerte, seré capaz de aprender… y las que no lo sea, al menos confío en que aprenderé la manera de disimularlo.
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lunes, 30 de enero de 2012
Cápsula del tiempo
Hace algo más diez años, una tarde de esas en las que estábamos en un bar del barrio los amigos tomando cervezas y echando unas risas, fue cuando Nico, sólo a él se le pueden ocurrir este tipo de cosas, nos propuso una idea simple y curiosa: crear una capsula del tiempo.
El siguiente día que nos vimos trajo su cámara réflex, nos tomó una foto en un parque para dejar vestigio de nuestro aspecto físico, y nos pidió que para la siguiente semana hiciéramos un escrito en el que explicáramos cómo creíamos que iba a ser nuestra vida justo cuando hubieran transcurrido diez años. A la semana siguiente, introdujo todos los escritos y las fotos en papel, que en aquellos tiempos inmemoriales se usaba carrete, en una caja, lo selló para corroborar que nadie lo abriera y se propuso a enterrarlo en algún sitio que sólo él conociera. Al fin, este último paso no se produjo, pero él ha custodiado la cápsula del tiempo hasta hoy, asegurándonos en numerosas ocasiones que no ha mancillado los documentos que en dicha caja depositamos.
Aunque parezca mentira, ya han pasado los diez años de rigor, y tenemos pendiente quedar todos los amigos, que por suerte siguen siendo los mismos, para proceder a la apertura de la susodicha cápsula. Mientras esto ocurre, intento recordar qué narices debí escribir, pero no lo consigo. Espero el acontecimiento con una mezcla de curiosidad y cierta congoja, ya que me temo que no habré conseguido ninguno de los sueños que tenía a los veinticinco años. El optimismo desde siempre me ha invadido.
Eso sí, prometo volver a este pequeño espacio virtual a dejar constancia de los resultados de nuestro experimento temporal en cuanto este se resuelva, creo yo, que muy mal se tiene que dar la cosa para que no logremos quedar antes de que pasen otros diez años.
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jueves, 17 de noviembre de 2011
A la saca de la banca
Hoy os quiero contar una historia muy jodida,
Lo que pasa con los bancos, una batalla perdida,
Como tienen el dinero, nadie les tose, ¡¡qué vida!!
Y al final siempre lo pagan los pobres mileuristas
Endeudados, mal pagados, y sin caer en la bebida,
Porque no les quedan pelas, ya no nos queda ni guita,
Y los bancos tan felices, nadie les toca, ¡¡qué risa!!
Y si todo lo hacen mal, y se hunden en la ruina
Y si no saben guardar, cuando van en limusina
El estado les rescata, les inyecta vitaminas
Todo con nuestro dinero, nos subieron hasta el IVA
Eso sí sin consultar, qué le importa lo que digas
No se vayan a enfadar, y los pobres se depriman,
Inyectarme un poco a mí, que me falta gasolina.
(Estribillo 1)
Nadie quiere meter mano a los capos de los bancos
Nadie puede ni tocarlos, ¿es que nos tienen pillados?
Los poderes ya no pueden, pues los tienen maniatados
Y los pobres sineuristas, sin un duro y explotados
No me extraña que se llenen las plazas de indignados
Y la banca calentita, y la Bolsa para abajo.
Y los bancos de los parques, atestados de parados.
Dónde coño estará el que inventó el capitalismo
Si no tienes capital, si no compras sin sentido,
No tienes ningún valor, no te quieres ni a ti mismo.
Menos mal que el Cutre Inglés ya lo anuncia con alivio,
Ya llegó la Navidad, como dice el villancico
Pero mira como viven los peces gordos en el río
Pero mira cómo pescan entre este consumismo.
Hipotécate, por dios, hipotécate un poquito
Que lo están pasando mal, vaya pena, ya te digo,
Intereses mogollón, usureros de otro siglo,
Y si no quieren prestar, que te la pique un pollito
Y si no puedes pagar, te desahucian sin remilgos,
Nunca llego a fin de mes pero me gasto lo mismo,
¿Es que te quieres bajar del maldito consumismo?
(Estribillo 2)
Nadie puede meter mano a la saca de los bancos
Nadie osa ni tocarlos, ¿es que nos tienen pillados?
Los poderes ya no pueden, los tienen acojonados
Y los pobres, pobrecitos, sin futuro y con pasado,
No me extraña que se llenen las plazas con indignados
Y la banca nunca pierde, y la Bolsa boca abajo.
Y los bancos de los parques, atestados de parados.
Que la banca nunca pierde, y la Bolsa es un carajo
Y los bancos de los parques, atestados de parados.
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