jueves, 2 de julio de 2015

Números. Todo últimamente son números.


Es tan fácil reunir varios dígitos y lanzarlos al aire sin explicar nada más, sólo una escueta frase con cierta contundencia: “El paro baja en junio en 94.727 personas”,  dejando a todos los lectores ojipláticos y boquiabiertos, mientras un ooooohhhhh generalizado se extiende por la ciudad, celebrando la buena noticia. Algo parecido a lo que ocurre en las fiestas patronales de cualquier pueblo, cuando comienzan a estallar en mil colores los primeros fuegos artificiales y ese grito de asombro y admiración nace entre los ilusionados espectadores. Aunque también suele suceder que tras media hora de explosiones, algunos de los cuellidoblados (ya que inventamos palabras, hagámoslo todos) acaben hasta las narices del supuesto espectáculo pirotécnico y de los ensordecedores estallidos.

Las circunstancias me han llevado a tener que iniciar un proceso de búsqueda de trabajo, lo que me hace pasarme medio día navegando en las páginas web de empleo, esperando que aparezca de pronto la oferta que cumpla con mis complejos requisitos y poder tener la suerte de ser uno de los primeros en inscribirme a la misma, aunque todavía sin demasiada suerte. De esa manera me he encontrado con algo que me ha llamado la atención sobremanera. Era una escueta oferta para trabajar en una tienda del  Mercadona en el centro de Madrid, en el que a las 10 de la mañana ya se habían inscrito 18.819 personas, cuando lo normal es que haya como mucho varios cientos de aspirantes.

No me preguntéis por qué, pero la noticia de la disminución de los parados que había leído unos minutos antes de pronto no me ha parecido tan buena, y ese ooooohhhh imaginario se ha acallado, como si alguien hubiera cerrado una puerta. Todo me ha parecido de repente una broma macabra, y sin pensar demasiado me he puesto a escribir estas 303 palabras

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