miércoles, 20 de abril de 2011

Diario de un peregrino con legañas (II)



Etapa 2- Perexe- O Cebreiro (24 kms.) 26-III-11


El día amanece nublado pero no llueve. En el desayuno casi me cargo la cámara de fotos: hay un maleficio o triángulo de las Bermudas que hace que cuando confluyen Camino de Santiago, mi cámara de fotos y yo mismo; algo negativo ocurra. En este caso se ha chascado el filtro ultravioleta, aunque parece que la cámara sigue haciendo fotos correctamente.


Los primeros 10 kms son por asfalto, junto a la carretera y al otro lado el río Valcarce. Los paisajes son hermosos y el sonido del río que va decreciendo por momentos, nos hace más amena la caminata. Sólo nos quedan 5 kms para la subida más dura del camino: hoy toca subir a más de 1.300 metros (un desnivel de 800 metros en 9 kms).


Pronto pasamos por Vega de Valcarce, y me acuerdo de Mónica y Álex que empezaron aquí su Camino, si no fuera por ellos no me habría llevado el palo de andar, menos mal que les hice caso . Son pueblos pequeños con tejados de pizarra embutidos en un valle precioso. Ya en Ruitelán, justo antes de la gran subida, degustamos una tabla de quesos de cabra, el restauran-te se llama El Paraíso del Bierzo, ¡¡nada menos!!


Comienza la subida descendiendo un poco, lo cual joroba más, algunos cuervos graznan para darnos ánimos (¿a morir?) y todo se llena de castaños milenarios. La subida decidimos hacerla cada uno a nuestro ritmo, comienza a llover un poco y me encasqueto el incordio de la capa de agua (¡a sudar!). Ya subiendo los duros repechos adelanto a tres chavales muy jóvenes que van recogiendo castañas.


Tras un par de paradas para beber agua y comerme una naranja, cuando me quedan como 2 kms para coronar, de un bar asoma la cabeza nuestro amigo el finlandés. Las vistas son cada vez más hermosas y lejanas. Mientras charlo con Martti (él en su precario español, yo en mi inglés cutre), ascendemos las últimas rampas y nos hacemos alguna foto. Vuelve a llover un poco justo cuando empezamos a ver las pallozas de O Cebreiro.


Arribamos al albergue exhaustos y con ganas de una ducha caliente. Éste no se parece nada a los anteriores, es una sala grande con muchas literas. Al rato llega Dani también muy cansado pero alegre porque hemos terminado una etapa bastante dura. Mientras descansamos y charlamos con la gente, la naturaleza nos hace un regalo, ¡comienza a nevar! Dos horas después, tras la cena, las pallozas están preciosas, saco un par de fotos y cenamos en un restaurante en cuya tele están poniendo una película de Rocío Durcal a todo volumen (¡qué suplicio!) Tras unas natillas caseras exquisitas (de museo) volvemos al albergue bajo un manto de nubes y el viento helado.


Mientras intentaba dormirme sin éxito escuchando la fantástica música de los ronquidos se me ocurrió la frase: El que ronca, irremediablemente termina durmiéndose primero.