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Han pasado 15 días extraños, tras lo que ocurrió en mi despacho de casa el 9 de agosto. Salvo a vosotros, no le he contado a nadie que mi cuarto increíblemente se ha estrechado, no vayan a pensar que soy un lunático. Además he tenido la rara sensación como si la gente que me rodea me ocultara algo, como si todos lo supieran e incluso hablaran de ello a mis espaldas.
Hoy, 24 de agosto, cuando le he pedido a mi jefe salir antes del trabajo aduciendo asuntos personales, me ha parecido muy anómalo que, sin ni siquiera rechistar, aceptara, era como si ya estuviera esperando que se lo dijera. Sólo ha asentido con naturalidad, y ha seguido mirando obnubilado la pantalla de su ordenador.
Sobre las 13:45 horas estoy ya en casa, sólo quedan 9 minutos para que se produzca el cuarto creciente. Así que estoy disponiendo las cosas como hace 15 días, creo que es la única forma de que todo vuelva a su ser. Ya tengo mi cámara réflex agarrada y en el visor apunto a una luna que esta vez, es como una estrecha D ligeramente inclinada hacia la izquierda.
Miro el reloj de mi móvil y sólo queda un minuto. Estoy más nervioso de lo normal, una gota de sudor de mi frente resbala por el visor de la cámara y la luna se desdibuja. Ya es la hora exacta. Un pequeño temblor surge de algún sitio, todo se mueve y la habitación comienza a crecer muy lentamente. Cuando llega a la mitad de lo que había decrecido hace 15 días, todo se detiene. Tras unos segundos de tensa espera, nada más ocurre.
Intento calmarme y reflexionar sobre lo que acaba de ocurrir. Pero sólo logro entresacar una idea que sobresale de las demás entre la confusión que invade mi mente, está en mayúsculas y en negrita. Y aunque no sé si consigo comprenderla del todo no puedo evitar pensar que: SIEMPRE PASA LO MISMO…
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Buscaba un lugar para huir de la rutina y encontré esta diminuta isla virtual donde perderme. Aforo ilimitado. Entrada gratis.
viernes, 24 de agosto de 2012
viernes, 10 de agosto de 2012
Cuarto menguante
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No sé por qué lo he leído, así como de refilón en la agenda del trabajo, ya que nunca me fijo en ella. En la hoja ponía que hoy día 9 de agosto de 2012 a las 18 horas 55 minutos, se producía el cuarto menguante. Siempre me han dado mal rollo las cosas tan exactas, esos sucesos que para que ocurran tienen que confluir tantas cosas.
He llegado a casa sobre las 18:00, me he relajado en el sillón viendo alguna prueba de los juegos olímpicos, he merendado una manzana aderezada por unas cuantas patatas fritas y de pronto me ha venido a la cabeza la imagen de la agenda de mi trabajo, he mirado el reloj del salón y marcaba las 18 horas 53 minutos, sólo quedan dos minutos, he pensado mientras me acercaba hasta el despacho a coger la cámara de fotos, quería dejar para siempre aquel exacto momento.
Desde la ventana de mi despacho se veía la luna mejor que desde el salón, así que he mirado por el visor, he acercado la imagen con mi zoom, y he esperado a que fueran exactamente las 18 horas 55 minutos. He vuelto a observar el reloj de mi móvil y ya era la hora, siempre lo llevo con cierta precisión. La luna era un semicírculo que miraba hacia abajo ligeramente ladeado. Así que he apretado el botón de mi cámara.
Desde ese momento mi cuarto es mucho más pequeño, apenas cabe la mesa del ordenador, y los armarios han quedado a la mitad. He tenido que habilitar estanterías en otras habitaciones para colocar los libros que han quedado desperdigados por el suelo. Menos mal que según mi almanaque, el 24 de agosto de 2012 a las 13 horas y 54 minutos se produce el siguiente cuarto creciente, tengo la absurda esperanza de que todo va a volver a su sitio.
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