Es tan fácil reunir varios dígitos y lanzarlos al aire sin explicar nada
más, sólo una escueta frase con cierta contundencia: “El paro baja en junio en
94.727 personas”, dejando a todos los
lectores ojipláticos y boquiabiertos, mientras un ooooohhhhh generalizado se
extiende por la ciudad, celebrando la buena noticia. Algo parecido a lo que
ocurre en las fiestas patronales de cualquier pueblo, cuando comienzan a
estallar en mil colores los primeros fuegos artificiales y ese grito de asombro y admiración nace entre los ilusionados espectadores. Aunque también suele suceder
que tras media hora de explosiones, algunos de los cuellidoblados (ya que inventamos palabras, hagámoslo todos) acaben
hasta las narices del supuesto espectáculo pirotécnico y de los ensordecedores
estallidos.
Las circunstancias me han llevado a tener que iniciar un proceso de búsqueda
de trabajo, lo que me hace pasarme medio día navegando en las páginas web de
empleo, esperando que aparezca de pronto la oferta que cumpla con mis complejos
requisitos y poder tener la suerte de ser uno de los primeros en inscribirme a
la misma, aunque todavía sin demasiada suerte. De esa manera me he encontrado
con algo que me ha llamado la atención sobremanera. Era una escueta oferta para
trabajar en una tienda del Mercadona en
el centro de Madrid, en el que a las 10 de la mañana ya se habían inscrito 18.819 personas, cuando lo
normal es que haya como mucho varios cientos de aspirantes.
No me preguntéis por qué, pero la noticia de la
disminución de los parados que había leído unos minutos antes de pronto no me
ha parecido tan buena, y ese ooooohhhh imaginario se ha acallado, como si
alguien hubiera cerrado una puerta. Todo me ha parecido de repente una broma
macabra, y sin pensar demasiado me he puesto a escribir estas 303 palabras