miércoles, 19 de mayo de 2010

Frases épicas (I). Ánimos desanimados

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Hay frases que son dichas como cualquier otra en un momento como cualquier otro, pero que por extrañas circunstancias toman vida, crecen, se reproducen y no suelen morir; y el que las profirió nunca piensa que muchos años más tarde seguirán revoloteando en otras mentes y surgiendo de otras bocas. Incluso en ocasiones especiales puede ocurrir que le salgan muchos padres, personas que les hubiera gustado decirlas o haber estado allí para escucharlas y ser parte de la historia.

Juro que yo estaba allí. Fue un sábado por la tarde durante un partido de voley del equipo al que pertenezco y que bautizamos con cierta predestinación The paquetes. En el fragor del partido nuestro entrenador, Javi, pide un tiempo muerto, ya que una característica un tanto especial de nuestro equipo, es entrar en fases de total ausencia, en las que nuestros brazos y nuestras piernas tienden al más cruel estatismo, y los puntos van cayendo como sin darnos cuenta, eso sí, en el casillero del contrario.


Todos los equipos tienen su animador particular, el jugador más entusiasta y dotado con una voz más portentosa para dar el grito adecuado con el fin de levantar al equipo. En nuestro caso era Dani. Todo ocurrió deprisa, Javi dio unas instrucciones precisas para despertarnos de nuestro ensueño, que nos había costado ya ocho puntos seguidos; todos poníamos cara de concienciados y de entender lo que nos decía, pero conscientes que de tales empanamientos mentales no es tan fácil salir, así que sinceramente, sin empaparnos de nada.

Cuando el árbitro nos llama otra vez a la cancha de juego para reanudar el partido, y antes de nuestro sagrado grito para acojonar al contrario: ¡¡¡PA - QUE - TES!!! Entonces, en ese preciso momentro, surge la voz de Dani para decir la frase épica, las palabras que pasarían a la posteridad:


- !!Venga chicos, SIN CONFIANZA!!


Tras algunas risas y el grito de ánimo, reanudamos el juego. No puedo jurarlo, pero creo que aquel partido lo perdimos, pero es evidente que lo que ganamos fue mucho más. Cuando queremos salir de esa sima oscura en la que a veces caemos recurrimos a esta frase épica y funciona.
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