lunes, 30 de enero de 2012

Cápsula del tiempo

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Hace algo más diez años, una tarde de esas en las que estábamos en un bar del barrio los amigos tomando cervezas y echando unas risas, fue cuando Nico, sólo a él se le pueden ocurrir este tipo de cosas, nos propuso una idea simple y curiosa: crear una capsula del tiempo.

El siguiente día que nos vimos trajo su cámara réflex, nos tomó una foto en un parque para dejar vestigio de nuestro aspecto físico, y nos pidió que para la siguiente semana hiciéramos un escrito en el que explicáramos cómo creíamos que iba a ser nuestra vida justo cuando hubieran transcurrido diez años. A la semana siguiente, introdujo todos los escritos y las fotos en papel, que en aquellos tiempos inmemoriales se usaba carrete, en una caja, lo selló para corroborar que nadie lo abriera y se propuso a enterrarlo en algún sitio que sólo él conociera. Al fin, este último paso no se produjo, pero él ha custodiado la cápsula del tiempo hasta hoy, asegurándonos en numerosas ocasiones que no ha mancillado los documentos que en dicha caja depositamos.

Aunque parezca mentira, ya han pasado los diez años de rigor, y tenemos pendiente quedar todos los amigos, que por suerte siguen siendo los mismos, para proceder a la apertura de la susodicha cápsula. Mientras esto ocurre, intento recordar qué narices debí escribir, pero no lo consigo. Espero el acontecimiento con una mezcla de curiosidad y cierta congoja, ya que me temo que no habré conseguido ninguno de los sueños que tenía a los veinticinco años. El optimismo desde siempre me ha invadido.

Eso sí, prometo volver a este pequeño espacio virtual a dejar constancia de los resultados de nuestro experimento temporal en cuanto este se resuelva, creo yo, que muy mal se tiene que dar la cosa para que no logremos quedar antes de que pasen otros diez años.
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