domingo, 11 de abril de 2010

Lo que se aprende viajando... ¡Madre mía!

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Bueno, como alguno sabréis, en estas fechas festivas hemos hecho una escapada a Atenas. Las noticias nos bombardean con que el país está arruinado y también se da la circunstancia de que está lleno de ruinas. Es que es ir caminando por las calles como sin fijarte, y a ambos lados: que si un templo, que si un ágora, que si una acrópolis (bueno eso está algo más arriba). Pero la verdad es que es una ciudad increíble.

Lo primero que sorprende de los griegos es su físico, en la mayoría de los casos es muy parecido al biotipo español (quizás predomine algo más el bigote). Así nada más llegar, en el metro de Atenas veo a una chica, que en el aburrimiento del subterráneo, me esmero pensando en la pinta de griega que tiene. Pero el ensueño se desvanece tras quedarse un asiento libre y al gritarle a su amiga: "Marta corre, ven para acá que hay sitio", la primera en la frente. Que, o el idioma es muy parecido o yo traduzco sin quererlo con un extraño don.

Pero no, porque si algo nos diferencia con los griegos es el idioma, es que es imposible pillar ni una sola palabra de lo que dicen, se parece al Euskera, pero para complicarlo más encima lo escriben con letras raras. Que te quedas mirando los carteles del metro y no hay narices de descifrar donde quieres ir, menos mal que tienen el detalle de poner en algunos sitios al lado los letreros en inglés. Por poner un ejemplo, ellos en vez de decir Hola se despachan con un sencillo Parakaló.


Ah, y además descubrí, el significado de hacer un griego (sí, me refiero a la connotación sexual). Y el significado no viene como piensan algunos de que en la época antigua los griegos tenían totalmente aceptadas las relaciones homosexuales. Yo he averiguado, tras pasar una semana por tierras helenas, que la expresión viene de que en cuanto te despistas un poco te meten el pepino en cualquier parte... Y ahora no penséis mal, da igual el plato que te pidas, que el pepino te lo clavan. Ya sea en las ensaladas, en el yogurt o en los kebab..., vamos, que te la meten doblada, y te quedas con cara de tonto, al menos a los que no nos gusta el pepino. Así que para mí, eso es que te hagan un griego.

Y por último me llamó la atención lo curioso las letrinas griegas (y no me refiero a las letras pequeñas), que eso si que era cagar con copiloto y no lo de mi empresa; bueno, la verdad es que más bien era cagar en comunidad, no quiero ni imaginar las conversaciones que tendrían, con esa mínima separación entre agujero y agujero.
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