Antes de continuar relatando la cuarta etapa, me veo en la obligación de adjuntar algo que ha sucedido estos días, a raíz de la publicación en el blog. En aquella lluviosa etapa hablamos por primera vez con Katja, una chica suiza que luego, unas etapas más tarde os presentaré mejor ya que fuimos con ella varias jornadas. Fue en un bar en el que paramos a tomar algo, recuerdo que le comenté que hablaba muy bien el español y ella me dijo que lo suficiente para sobrevivir el Camino. Allí estaba con un chico noruego frente a una chimenea y consultando internet.

El caso es que Katja, al leer la última entrada me escribió un correo diciéndome, que ese mismo día ella se encontró un saco azul y lo había bajado al albergue. Dándose la casualidad que en Triacastela había tres albergues: el municipal, y dos privados. Nosotros dormimos en uno de estos y Katja en el otro. Así que Dani, aunque no se hubiera perdido en el ascenso nunca hubiera encontrado su saco. Y mi idea de preguntar en el albergue por si alguien lo tenía no era mala, si hubieramos tenido en cuenta que había más albergues.
Luego en el desayuno la volvimos a ver, pero nadie mencionó el tema. Y comenzamos la cuarta etapa sin sospechar que el famoso saco había dormido mucho más cerca de que nosotros pensábamos. Es evidente que aquel saco prefería quedarse allí, o quién sabe, quizás ya es la madriguera de algún otro peregrino despistado.
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