domingo, 31 de octubre de 2010

Con la perspectiva hemos topado, amigo Sancho

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Siempre he pensado que cada cosa tiene, como mínimo, infinitos puntos de vista. Y sin ir más lejos, hace poco, mientras degustaba unas ricas raciones en la Plaza Mayor de Villanueva de los Infantes, observé a lo lejos la siguiente imagen, que procedí a fotografiar con mi teléfono móvil:ca




Pensaréis, casi seguro con acierto, que mi mente está algo sucia; y yo me defendería diciendo que la sociedad, que si la publicidad, que si la testosterona... lo cual nos llevaría a una extraña y casi eterna discusión. El caso es que a mí me pareció desde mi posición que Sancho le demostraba más "cariño" a su burro Rucio que el que se puede deducir tras varias lecturas de El Quijote. Me eché las manos a la cabeza, caminé de un lado para otro, hasta que los que me acompañaban en la mesa, me obligaron a sentarme y me quitaron de delante la que debía ser mi octava cerveza.

Tras acabar de comer,varias horas más tarde, me acerqué a la "hermosa" escultura. Y me quedé estupefacto; todo había cambiado de repente. Lo miré y remiré con cara de director de cine, y deduje que quizá un extraño encantamiento había transformado la disposición de las figuras. Agarré mi móvil de penúltima generación, y saqué esta instantánea que paso a mostraros:


Por suerte, la imagen no era lo que parecía, y menos mal, porque por un momento pensé que en aquel hermoso pueblo manchego, de cuyas migas no logro olvidarme, estaba viendo molinos donde había gigantes.

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miércoles, 6 de octubre de 2010

El chico que soñaba... (EL DESENLACE)

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Pensé que esta extraña historia nunca encontraría su final, pero parece que al fin halló el suyo. Para empezar, los consejos que me habéis dado o eran imposibles y algo asquerosos; como Sergio, que decía que pusiera una cámara oculta en el baño, quita, quita, que uno es muy sensible; o acojonaba, cuando María decía que una trama mundial tras la que estaba el Vaticano, se había confabulado para robar el papel de mi lugar de trabajo. Como se entere Ken Follet, escribe la cuarta parte de los Pilares de la Tierra.
Pero bueno, todo ocurrió como sigue. La historia se quedó mientras intentaba ganarme al chico del papel reciclado que a partir de ahora llamaremos E. La verdad que me hice su sombra, era la única forma de averiguar si aquel chico tenía algo que ver con las extrañas desapariciones. Cuando E iba tomarse un café, yo iba a tomármelo con él. Cuando E necesitaba ayuda, allí estaba yo para echarle una mano. Y lo más emocionante, cuando E se acercaba al rollo de papel del baño, yo iba tras él. Pero obviamente, cuando yo estaba allí, no ocurría nada.

Pero como el hombre es un animal de costumbres, sólo tuve que observarlo y adelantarme a sus movimientos. E solía aparecer sobre las 12:30 por mi empresa y tras hacer su labor de cambio del contenedor de reciclaje, lo dejaba aparcado en la puerta del baño sobre las 13 horas. Así que un día me encerré en el cubículo contiguo (situación que ya conté en mi antigua entrada "Cagar con copiloto") asegurándome que antes de que entrara E estaba el rollo casi completo.

Así que allí me encontré, en una de las situaciones más absurdas de mi vida, sentado sobre la tapa del w.c. del trabajo, esperando que entrara mi supuesta presa. Al rato, la puerta sonó y miré por debajo de la puerta y efectivamente era E. Estuvo bastante tiempo en el baño contiguo, aunque he de decir que no escuché ningún ruido característico de un baño. Cuando al fin salió, conté hasta 10 y salí detrás. Miré en el baño ya desocupado y no quedaba nada de papel. Salí rápidamente y encontré a E tan tranquilo con su carrito abierto. Me acerqué y cerró la tapa de golpe.

Le pregunte a E que qué hacía. Él intentaba disimular, se le veía avergonzado. Como no decía nada le dije muy serio, sé que estás robando los rollos de papel. Al instante me tapó la boca y me metió en el baño de minusválidos que nadie usa. Calla tío, me susurró, como se enteren se puede liar gorda. Y entonces me confesó que al colocar el rollo sobre el montón de papeles, éste hacia de tope y desde el exterior parecía que el contenedor estaba lleno y así podía cambiarlo más asiduamente, y consecuentemente ganaba más dinero.

No sabía qué decirle, así que el me continuó hablando con cara de pena, me contó que era transexual y que se estaba pagando el cambio de sexo, que se lo iban haciendo progresivamente, y que era muy caro. Me confesó, que tenía un hijo de doce años y que el padre había desaparecido hacía tres y todos los gastos eran para él. Y lo peor de todo, su nueva novia, no sabía nada y tenía que llevar una doble (triple) vida... Vale, no lo negaré, esta parte se la he plagiado a Almodóvar, pero os aseguro que todo lo demás hasta aquí acontecido, en el extraño caso del chico que soñaba con papel higiénico... es real... y si no que en este preciso momento se caiga mi conexión de inter...
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