Buscaba un lugar para huir de la rutina y encontré esta diminuta isla virtual donde perderme. Aforo ilimitado. Entrada gratis.
viernes, 30 de noviembre de 2012
Cagar con copiloto (III). Juego de tronos
Esta peculiaridad provoca un juego como el del famoso libro para conseguir ocupar el ansiado trono, sobre todo a ciertas horas más propensas a esos delicados momentos "All-bran". Así que se me han ocurrido ciertas estrategias para conseguir el trono:
- Estrategia Daenerys: se trata de quemar algo, me explico. Como aún no tengo dragones, con un mechero se enciende un papel cuyo humo provoque que salte la alarma de incendios. Cuando todos han salido, aprovechas para disponer del baño todo para ti.
- Método Jon Nieve o el Muro: este es el más complicado, pero es bastante efectivo. A primera hora, cuando todos se despisten, pones la temperatura de la planta lo más fría posible. Luego llevas un espray de esos que imitan nieve y lo rocías por debajo de la puerta del habitáculo. Tendrás el inodoro libre durante todo el día.
- Táctica Khal Drogo: si el baño está ocupado, golpear enérgicamente la puerta, hablar a gritos y en un idioma extraño lleno de sonidos guturales. Seguro que el que esté en el trono te cede el puesto con cierta prisa. Consejo: si te pintas la raya de los ojos en negro tizón, acojona más.
Si todas las estrategias anteriores no funcionan, y la necesidad es acuciante, abogo por:
- SoluciónTyrion: tan fácil como caminar cojeando de manera exagerada por toda la planta y aprovechar para usar el baño de minusválidos, que siempre está vacío...
miércoles, 24 de octubre de 2012
Ataque de risa
Y llegan los del PSOE… ji, ji… ¿no es inaudito?... je, je… que como pierden votos… je, je… si no lo veo no lo creo… y va y dicen… jo, jo… emulando aquella frase… jo, jo… que si que es para descojonarse… je, je… esa de Groucho Marx… ji, ji… qué grande… ju, ju… esa que dice… que si no le gustan nuestros principios… je, je… es buenísimo… no se preocupe… je, je… es tremendo… no se preocupe porque tenemos otros… je, je… me duele la tripa… ju, ju… y llega el PSOE… je, je… y expone… que como pierde votos… ja, ja… se sienten extrañados… jo, jo… ¿pero dónde viven?... y anuncian… je, je… que van a dar un giro… ju, ju… es que no me lo creo… je, je… que van a cambiar su ideología… jo, jo… no es de coña… ja, ja… para ganar votos… ju, ju… si me permiten un consejo… je je… váyanse a casa… je je… que me da la tos… ju, ju…y por favor no vuelvan… je je… a ver si les van a girar otra cosa… jo, jo… y se les quitan las ganas de decir estupideces… je, je…
Lo triste es que me río por no llorar…
Hay otra forma de explicar lo que está ocurriendo: ¡Ni puta gracia!
domingo, 14 de octubre de 2012
200.000 kilómetros
No entiendo por qué, pero llegar a esta cifra tan redonda me ha provocado una extraña necesidad de realizar algunos absurdos cálculos que paso a detallar:
- Si con cada litro hago unos 20 kilómetros, eso quiere decir que he consumido en estos diez años 10.000 litros de gasoil. A una media de 1 euro por litro, he gastado unos 10.000 euros, más de lo que me costó el coche. Vamos, como esas impresoras que cuestan 30 euros y el cartucho de tinta 45 euros.
- He recorrido la mitad de distancia que hay entre la tierra y la luna. Aunque creo que volando hubiera gastado algo menos de combustible y de algún que otro atasco me habría librado.
- Si caminando tengo una media de 5 kms por hora, para recorrer los 200.000 kms, hubiera tenido que caminar durante 139 días sin parar. Eso no hay ampollas que lo aguanten, ni plantillas "devor olor" que lo mantengan.
- Como la distancia que hay desde mi casa actual a la Puerta del Sol es de 25 kms. Podría haber ido y vuelto 4.000 veces, la media me sale a más de una vez por día. Desde luego, si lo llego a saber antes, lo hubiera hecho.
- Como el ecuador mide 40.000 kilómetros, podría haber dado 5 vueltas a la tierra, lo chungo es seguir la línea sin salirse, sobre todo teniendo en cuenta que se trata de una línea imaginaria.
Bueno, si llego a los 300.000 kilómetros con mi Saxo granate, prometo escribir algunas líneas sobre el tema, por ahora ya he empezado con buen pie, hoy ya he ido a la Puerta del Sol y he vuelto a mi casa dos veces. Todo sea por seguir escribiendo nuevas reflexiones con legañas.
viernes, 24 de agosto de 2012
Cuarto menguante (II). Cuarto creciente.
Han pasado 15 días extraños, tras lo que ocurrió en mi despacho de casa el 9 de agosto. Salvo a vosotros, no le he contado a nadie que mi cuarto increíblemente se ha estrechado, no vayan a pensar que soy un lunático. Además he tenido la rara sensación como si la gente que me rodea me ocultara algo, como si todos lo supieran e incluso hablaran de ello a mis espaldas.
Hoy, 24 de agosto, cuando le he pedido a mi jefe salir antes del trabajo aduciendo asuntos personales, me ha parecido muy anómalo que, sin ni siquiera rechistar, aceptara, era como si ya estuviera esperando que se lo dijera. Sólo ha asentido con naturalidad, y ha seguido mirando obnubilado la pantalla de su ordenador.
Sobre las 13:45 horas estoy ya en casa, sólo quedan 9 minutos para que se produzca el cuarto creciente. Así que estoy disponiendo las cosas como hace 15 días, creo que es la única forma de que todo vuelva a su ser. Ya tengo mi cámara réflex agarrada y en el visor apunto a una luna que esta vez, es como una estrecha D ligeramente inclinada hacia la izquierda.
Miro el reloj de mi móvil y sólo queda un minuto. Estoy más nervioso de lo normal, una gota de sudor de mi frente resbala por el visor de la cámara y la luna se desdibuja. Ya es la hora exacta. Un pequeño temblor surge de algún sitio, todo se mueve y la habitación comienza a crecer muy lentamente. Cuando llega a la mitad de lo que había decrecido hace 15 días, todo se detiene. Tras unos segundos de tensa espera, nada más ocurre.
Intento calmarme y reflexionar sobre lo que acaba de ocurrir. Pero sólo logro entresacar una idea que sobresale de las demás entre la confusión que invade mi mente, está en mayúsculas y en negrita. Y aunque no sé si consigo comprenderla del todo no puedo evitar pensar que: SIEMPRE PASA LO MISMO…
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viernes, 10 de agosto de 2012
Cuarto menguante
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No sé por qué lo he leído, así como de refilón en la agenda del trabajo, ya que nunca me fijo en ella. En la hoja ponía que hoy día 9 de agosto de 2012 a las 18 horas 55 minutos, se producía el cuarto menguante. Siempre me han dado mal rollo las cosas tan exactas, esos sucesos que para que ocurran tienen que confluir tantas cosas.
Desde ese momento mi cuarto es mucho más pequeño, apenas cabe la mesa del ordenador, y los armarios han quedado a la mitad. He tenido que habilitar estanterías en otras habitaciones para colocar los libros que han quedado desperdigados por el suelo. Menos mal que según mi almanaque, el 24 de agosto de 2012 a las 13 horas y 54 minutos se produce el siguiente cuarto creciente, tengo la absurda esperanza de que todo va a volver a su sitio.
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domingo, 22 de julio de 2012
Mira que... un poco de violencia
Mira que siempre he pensado que la violencia no lleva a ningún sitio, que no sirve nada más que generar más violencia, sin beneficio de ningún tipo para nadie.
Mira que siempre he creído en el diálogo como modo de solucionar los problemas, en las buenas palabras, en los debates, en la confrontación de ideas.
Mira que intento sacar lo mejor de los demás, aunque tengan otras formas de ver el mundo, otras culturas, otros idiomas.
Mira que hago un enorme esfuerzo en ponerme en el lugar del otro, en cambiar la perspectiva, en mirar con otras gafas lo que me rodea. Y creo que lo consigo.
Y aunque me duela, los últimos acontecimientos, declaraciones y decisiones, me están haciendo cambiar de opinión. Es duro, pero tras una meditada y ardua búsqueda de soluciones, he llegado a la conclusión, de que sólo podemos salir de esta situación en la que nos han metido utilizando la violencia.
Menos mal que últimamente juego al ajedrez.
P.D. Ya se que esto no es una carta, pero siempre me ha encantado escribir postdatas.
P.D.2. Somos peones. Sólo tenemos dos opciones: o quedarnos quietos o avanzar poco a poco hacia adelante…
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martes, 10 de julio de 2012
Mis gafas de sol y yo, una historia con moraleja
A pesar de tener los ojos claros, siempre he sido reacio a utilizar gafas de sol, no sé, me parecía que eran un filtro que deformaba la realidad, que falseaba los colores, que los trasladaba a un tono más aburrido y tenue. Aparte de esto, la verdad es que nunca me han quedado bien. Pero hace poco encontré unas gafas que se adaptaban a mi cara y ahí comienza esta historia.
Por las mañanas, cuando el sol estaba aún muy bajo, me las encajaba e iba tan “feliz” al trabajo con los ojos bien abiertos. Por las tardes, al salir de la oficina, según traspasaba las puertas, el primer gesto era colocarme mis gafas. Todo normal hasta el primer día que se me olvidaron en casa. Entonces me di cuenta que de pronto era incapaz de abrir los ojos con aquella claridad temprana, pensando que incluso podía provocar un accidente de lo mal que veía.
Así que ya no me las quitaba casi para nada, hasta que en mi primer día de vacaciones en Lanzarote las perdí, gran momento. Entonces, mientras encontraba otras que me gustaran, cosa harto improbable, me di cuenta que día a día mi vista volvía a ser la de antes. Progresivamente iba aguantando la luz con menor esfuerzo, volví al trabajo y las primeras luces de la mañana tampoco me molestaban. Y esta es la historia.
Moraleja: si tienes un blog, si nunca usas gafas de sol y de pronto te compras unas, si empiezas a usarlas y al tiempo las pierdes; no te quedara otra que escribir una aburrida historia sobre ello, y lo peor, no podrás evitar incluir una absurda moraleja.
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viernes, 1 de junio de 2012
Si el sol se apagara...
El otro día me dio por pensar en qué ocurriría si de pronto, un día de estos, el sol se apagara por completo. Y sin saber mucho de física, rápido deduje que la Tierra dejaría de orbitar alrededor del sol y saldría disparada en la dirección que en ese momento llevara, lo mismo ocurriría con los demás planetas del sistema solar. Sólo la casualidad diría qué planetas chocarían con cuáles y en cuánto tiempo.
Como lo más probable, a mi manera de ver, es que la Tierra no colisionara con ningún otro planeta, ya sea por el tamaño del mismo en relación con la inmensidad del universo. Es evidente que ya siempre sería de noche, para alegría de ciertos bares nocturnos. Nuestra concepción del tiempo dejaría de tener lógica, palabras como hora, o día o año tendrían que cambiar de significado o simplemente desaparecer.
jueves, 17 de mayo de 2012
Ruego que me perdonen…
Ruego que me perdonen por comprarme una casa cuando los precios estaban más inflados.
lunes, 16 de abril de 2012
Para ese extraño personaje con mascarilla
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Este es un mensaje que lanzo a todos los dentistas, odontólogos y auxiliares de odontología que lean este blog. Bueno, como seguramente haya uno o ninguno, confío en que vosotros conozcáis a alguno y podáis extender este sincero mensaje.
El caso es que en las últimas semanas mis visitas al dentista se han hecho más regulares de lo había ocurrido en los últimos años para desgracia de mi cuerpo y, sobre todo, para desdicha de mi agujereado bolsillo. Tras la primera visita en la que los queridos odontólogos descubrieron que dentro de mi boca había una mina, acudo todas las semanas con resignación y cierto miedo escénico.
El último día, el martes pasado, la querida dentista y su auxiliar, ambas mujeres, se dedicaron durante la hora y cuarto que estuvieron asomadas a mi desencajada boca, a hablar de sus cosas personales. Una de ellas, estaba preparando su boda y la otra con ansia cotilla, la iba sonsacando todos los detalles.
Hasta aquí bien, no es uno de mis temas favoritos, los bodorrios, pero bueno, no queda otra. Lo que no termino aún de comprender es que en aquella situación incómoda para mí, pretendan meterme en su conversación e interactuar conmigo, sin pensar en ningún momento en mi boca abierta llena de aparatos. Comienzan haciendo bromas en las que su intención parece ser que me ría, sé que se dirigen a mí porque dicen mi nombre y además me golpean el brazo para que me sienta integrado.
Aquí comienza mi trascendental mensaje: pero es que no se dan cuenta que no puedo contestarlas y que si lo hiciera es probable que el “torno” ese odioso que tienen vibrando dentro de mi boca me trepanaría la encía o me haría el tercer agujero de la nariz. Pero es que no conciben que lo que menos me apetece en ese momento es reírme, ni hablar de trajes de boda o de invitados.
Bueno, en definitiva, que si conocéis algunas de estas extrañas personas que hurgan en nuestras malogradas bocas por un módico precio, os agradecería un montón que les trasladéis este sincero mensaje. Todo sea por el bien de la humanidad.
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jueves, 5 de abril de 2012
Cagar con copiloto II o “el efecto bote sinfónico”
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Mi querida empresa, aprovechando la crisis y siempre pensando en sus amados trabajadores, decidió por total unanimidad, trasladarnos al simpático pueblecito de Las Rozas. Cada cambio tiene sus novedades, pero, sin duda, no hay nada tan importante como dónde dejas tus inmundicias. Por ello he decidido continuar el texto Cagar con copiloto ya que sé de sobra que este tipo de textos escatológicos gustan sobremanera.
En este caso, el baño está compuesto por tres habitáculos cerrados por todas sus partes (menos por la puerta, claro), lo que mejora sin duda la intimidad que en esos momentos se requiere. Hasta ahí bien, pero claro, no puede ser todo tan bonito, porque pronto, cuando aparece alguien en el baño contiguo empiezas a descubrir ciertas cosas, nada agradables, por cierto.
Sucede que comienzas a oír todos los procesos vitales que va siguiendo el vecino que te ha tocado en suerte y enseguida te cercioras de que las paredes que separan los habitáculos son de cartón piedra, pero del malo, vamos, que son más cartón que piedra. Tras unos momentos musicales muy cercanos a la trompeta, no sales de tu asombro, cuando el vecino decide, como la lógica también lo requiere, coger papel, y entonces aparece de los surtidores un ruido ensordecedor bastante desagradable, eso sí, muy aprovechable para mi solo de trombón.
Pero la experiencia única, es cuando decides aposentarte en el habitáculo central y la suerte o el destino se alinean para que a ambos lados aparezcan compañeros con las mismas necesidades que tú. Porque entonces se produce el que yo he bautizado como “el efecto bote sinfónico”. No ocurre todos los días, pero cuando lo hace, de forma increíble los ritmos de las tres personas se sincronizan creando una música agradable al oído y de gran originalidad. Se podría decir que la música fluye. Por eso yo siempre utilizo el baño de en medio…
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viernes, 2 de marzo de 2012
Somos dragones
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Somos dragones
Sin saber qué hacer aquel domingo de invierno
Agarré a mi pereza y la saqué por el barrio
Comenzó a diluviar cuando estaba muy lejos
Y me puse a resguardo en ese chino tan raro,
Tras buscar y buscar entre estantes repletos
Me fijé en aquel libro de dibujos extraños
Por tres euros de nada, pude ver en sus letras
Que nacimos dragones todos los de mi año.
Queremos volar alto aunque nos rompan las alas
No echamos casi fuego aunque tengamos razones
Aún nos quedan Héroes, princesas y hadas
Aunque no lo parezca somos sabios dragones.
Salí de aquel lugar con mi pequeño tesoro
Y un paraguas vintage que tenían de saldo
Ya en casa lo leí, no diré sin alivio
Que no éramos ratas, ni conejos, ni gallos,
Los del setenta y seis somos algo especiales,
Ni perros, ni serpientes, mucho menos caballos,
Seres de fantasía, con problemas reales
Dragones de fuego, madrugando a diario.
Sabemos volar alto aunque nos roben las ganas
No echamos casi fuego aunque tengamos razones
Aún nos quedan sueños, aventuras insanas
Aunque nadie lo crea somos viejos dragones.
Pero algo ocurrió mientras estaba leyendo
Una rara sensación, yo no sé si contarlo,
Que podía volar, que mi cuerpo flotaba
Me asomé a la ventana y despegué sin pensarlo.
Vaya golpe me di, reboté contra un seto
Boca arriba quedé, sobre el suelo empapado
Sin reír ni llorar, sólo me preguntaba
Seremos inmortales los dragones de mi año.
Podemos volar alto si nos dejan las alas
No echamos casi fuego aunque tengamos razones
Aún nos quedan juegos, hipotecas, resacas
Aunque no lo parezca somos bellos dragones.
Sabemos volar alto aunque nos quiten las ganas
No echamos casi fuego aunque tengamos razones
Aún nos quedan miedos, que se quedan en nada
Aunque nadie lo crea somos viejos dragones.
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domingo, 19 de febrero de 2012
Creo que ya no aprenderé...
No sé por qué, pero creo que ya no aprenderé a perder sin enfadarme. Mira que he lo he hecho veces y de las más diversas maneras y nunca lograré hacerlo sin pillarme un bonito cabreo… Menos mal que al menos tengo ya edad para dar la mano con mi mejor sonrisa y la capacidad de simular que me alegro de la victoria ajena.
Creo que ya no aprenderé inglés, ni ningún otro idioma no materno. Es duro confesarlo y mucho peor vivirlo en mis carnes… Menos mal que sé utilizar el lenguaje de los gestos y sé intuir lo que dice se desprende de una mirada.
Creo que ya no aprenderé a decir que “no” cuando me ofrecen una cerveza. Y sobre todo, mucho más duro, a decir que “no” cuando ya me han ofrecido más de cinco cervezas y todo empieza a parecerme difuso… Pero al menos, cero que si sé mantenerme en silencio cuando todo se nubla y conozco la forma de no soltar más tonterías de las estrictamente necesarias.
Creo que ya no aprenderé a decir la frase precisa en el lugar y momento preciso, a tener las palabras que alguien desea oír y decirlas con la naturalidad del genio.
Menos mal, que aún me quedan tantas cosas, que con suerte, seré capaz de aprender… y las que no lo sea, al menos confío en que aprenderé la manera de disimularlo.
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lunes, 30 de enero de 2012
Cápsula del tiempo
Hace algo más diez años, una tarde de esas en las que estábamos en un bar del barrio los amigos tomando cervezas y echando unas risas, fue cuando Nico, sólo a él se le pueden ocurrir este tipo de cosas, nos propuso una idea simple y curiosa: crear una capsula del tiempo.
El siguiente día que nos vimos trajo su cámara réflex, nos tomó una foto en un parque para dejar vestigio de nuestro aspecto físico, y nos pidió que para la siguiente semana hiciéramos un escrito en el que explicáramos cómo creíamos que iba a ser nuestra vida justo cuando hubieran transcurrido diez años. A la semana siguiente, introdujo todos los escritos y las fotos en papel, que en aquellos tiempos inmemoriales se usaba carrete, en una caja, lo selló para corroborar que nadie lo abriera y se propuso a enterrarlo en algún sitio que sólo él conociera. Al fin, este último paso no se produjo, pero él ha custodiado la cápsula del tiempo hasta hoy, asegurándonos en numerosas ocasiones que no ha mancillado los documentos que en dicha caja depositamos.
Aunque parezca mentira, ya han pasado los diez años de rigor, y tenemos pendiente quedar todos los amigos, que por suerte siguen siendo los mismos, para proceder a la apertura de la susodicha cápsula. Mientras esto ocurre, intento recordar qué narices debí escribir, pero no lo consigo. Espero el acontecimiento con una mezcla de curiosidad y cierta congoja, ya que me temo que no habré conseguido ninguno de los sueños que tenía a los veinticinco años. El optimismo desde siempre me ha invadido.
Eso sí, prometo volver a este pequeño espacio virtual a dejar constancia de los resultados de nuestro experimento temporal en cuanto este se resuelva, creo yo, que muy mal se tiene que dar la cosa para que no logremos quedar antes de que pasen otros diez años.
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