Al fin, la aventura terminó de manera casi épica. Llegamos a la Catedral de Santiago el lunes 21 a las dos de la tarde, tras unas cinco horas de caminata desde Pedrouzo. Unos 20 kms bajo una lluvia insistente y por momentos fuerte.
Llegar a la Catedral, tras 28 días caminando y más de 750 kms en las piernas no es fácil. La emoción es indescriptible, no quieres ir muy deprisa para saborear el momento. La sensación sería algo parecido a llorar con una sonrisa en los labios.
Luego te vas encontrando con gente que has ido conociendo durante las etapas. Personas a las que has visto sufrir y reír. Personas que ya no esperabas volver a ver y que tras un recodo de cualquier callejuela de Santiago aparecen. Y es una mutua sorpresa, y el abrazo y las felicitaciones son muy efusivas.
Ultreia es el saludo que usaban los peregrinos antiguamente para darse ánimo, que luego se transformó por el Buen Camino ("buen cominou" para algunos guiris) que se usa ahora. Este saludo que significa 'Más allá', refleja mejor, en mi opinión, lo que es el Camino de Santiago. Es mucho más que caminar buscando un objetivo. Es tanto más, que es imposible explicarlo. Sólo pueden realmente entenderlo los que lo hayan hecho.
Una pareja de mexicanos de mediana edad que andaban con su hijo nos contaron, en una agradable y divertida charla, que era la décima vez que lo hacían. El padre, nos confesó que cuando regresaba a su tierra en avión pensaba que nunca más volvería, y que cuando pasaban dos o tres meses, sin saber el porqué, comenzaba en su cabeza a preparar el siguiente Camino.
Historias como esta hay miles. Qué misterio guarda esta ruta milenaria.No lo sé, pero recorrerla es apasionante.
Sólo se me ocurre decir una palabra para terminar este pequeño diario: ¡¡Ultreia!!