.
No sé si ocurrirá en vuestros lugares de trabajo o de estudio lo que sucede en el mío y que inmediatamente paso a describiros. Antes un aviso, si sois extremadamente escrupulosos o fatalmente estreñidos, quizás, deberías dejar de leer esta entrada a partir de este momento.
Bueno, el caso es que en los servicios de mi centro de trabajo ocurre algo curioso. Los baños de los chicos, que son los que conozco aunque supongo que algo parecido sucederá en el de las chicas, constan de dos habitáculos con sendos inodoros. Entre ambos hay una pared azul con una gran abertura por abajo y por arriba.
No sé si por manía o por simple costumbre pero he observado que siempre entro en el habitáculo de la izquierda. Intento "disfrutar" de este placer algo primario en solitario, quiero decir sin que nadie se aposente en el váter de la derecha. Pero a veces por diversas urgencias o por designios del destino me he visto en la situación de tener que compartir ese momento tan íntimo con un desconocido. A ese desconocido le llamaré a partir de ahora el copiloto.
El caso es que como todos conocéis, los cuartos de baño suelen disfrutar de una extraordinaria sonoridad, y más concretamente el inodoro. Cualquier pequeño ruido se escucha como si llevaras puesto el Whisper Xl, es decir, "alto y claro". Para ser más concretos, cualquier ligero viento, tras pasar por el amplificador del inodoro, se convierte en un magnífico huracán.
Así que con la cercanía del copiloto, no te queda más remedio que sufrir el seguimiento con pelos y señales de su homóloga actividad y, claro, él de la tuya. Los ruidos se suceden, los esfuerzos, los intentos fallidos, y en algunos caso hasta los sufrimientos; y hay veces que la cosa se pone tan complicada que te dan ganas de gritarle: ¡¡Trata de arrancarlo, Carlos!! o ¡¡Por Dios, trata de expulsarlo!! Incluso a veces piensas en darle la mano por el hueco que queda debajo entre las dos cabinas para acompañarle en ese duro momento.
Luego con suerte todo se termina, alguno de los dos tira de la cisterna y se acaba esa pequeña a la par que íntima relación de unos pocos minutos, sin ni siquiera saber quién ha sido tu copiloto y si quizás ha podido sentir lo mismo que tú. Sin duda, se trata de otra relación que podía haber llegado tan lejos, pero que por desgracia, se ha truncado para siempre.
.