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Mis pesquisas de detective no han tenido demasiado buen resultado, aunque he encontrado algo.
Os cuento: Cuando leí el comentario de María, lo vi todo claro, me parecía la solución tan sencilla y tan obvia que pensé que no había caso. Ella decía que alguien cogía el rollo de papel y lo usaba como servilleta para comer. Así que al día siguiente, como me sitúo cerca de la puerta del comedor en mi trabajo, entré varias veces a ver si era cierto, pero en ningún caso encontré el rollo sobrelas mesas y el "papal higiénico" (como escribe ella, no sé si con algún doble sentido oculto) seguía desapareciendo del baño, siempre antes de comer.
Luego seguí el consejo de Sergio, utilicé la bolsa donde suelo llevar la comida, y antes de que el rollo desapareciera, lo guardé en mi bolso, a ver qué pasaba. El problema es que en el servicio hay dos sanitarios y sólo desaparece el de la izquierda, ya que el de la derecha está tapado y es más complicado quitarlo, así que pueden utilizar ese papel. La verdad es que no oí ninguna queja. También es verdad que somos más de 100 personas, y con muchas no suelo hablar o nunca he hablado.
También releí el mensaje de Esther. La verdad es que sí hay muchos en mi curro mal pagados, yo creo que la mayoría, pero no he visto nunca a nadie que venda el papel en el Rastro.
Luego intenté descifrar el críptico mensaje de Álex: "Descarta la gente cuerda y te quedarán dos menos...". Y tras un rato de pensar en la frase, sigo sin entenderla... Creo que se trata de otro misterio que tendré que desentrañar si tengo éxito con este, claro.
Por último, leí el mensaje de Cárol, usé el truco del bote de tinta en el soporte, pero cuando volví, ni había bote de tinta, ni quedaba papel. Así que el supuesto ladrón ya sabe que existo, y eso le pone más emoción a la cosa, espero que no lea este blog (que por otro parte es lo más fácil).
Así que estaba un poco desanimado hasta ayer, cuando tras volver de comer a las 14:30 y pasar al baño a lavarme lo dientes. He visto algo en el suelo que no sé si tendrá que ver con los robos pero bueno, lo mismo es una pista. Es una pequeña llave allen con un llavero metálico de publicidad que está desgastado y en el que se leen sólo las iniciales, ya que están en relieve. C.... P....., y lo que seguía se ha borrado. Y luego debía venir una dirección y lo único que más o menos se lee es Italy. Yo me he quedado flipado, y dándole vueltas. ¿A alguien se le ocurre algo? ¿Alguna idea? ¿Pensáis que tiene algo que ver? Yo me guardo la llave, por si el dueño la busca.
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Buscaba un lugar para huir de la rutina y encontré esta diminuta isla virtual donde perderme. Aforo ilimitado. Entrada gratis.
martes, 31 de agosto de 2010
sábado, 21 de agosto de 2010
El chico que soñaba con papel higiénico y no tenía ni cerilla ni bidón de gasolina (que está muy cara)
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Si ya lo decía mi tatarabuela por parte de padre, que no hay mal que por bien no venga. Pues resulta que este verano mi cuerpo me ha dado dos pequeños sustillos en forma de cólico de riñón. Y aparte de los tremendos dolores que las famosas piedrecillas conllevan, los médicos me han aconsejado que beba agua en cantidades ingentes. Y uno que es obsesivo compulsivo, con toques hipocondriacos y cierto pánico al dolor, pues eso que me paso el día bebiendo agua, con sus consiguientes visitas al baño.
El otro día me ocurrió algo extraño en mi cuarta visita al baño del trabajo, en las tres anteriores había observado que el rollo de papel higiénico era de una longitud considerable, como para que un elefante se limpiara los mocos, pero cual fue mi sorpresa al observar que el rollo de pronto había desaparecido. No le di mayor importancia las doce siguientes veces que fui ese mismo día, pero al día siguiente mi curiosidad y mi capacidad de deducción me hizo llegar a una terrible conclusión tras ver en mi quinta visita de aquel día, que el rollo había vuelto a evaporarse. ¡Alguien lo estaba robando!
Entonces repasé mentalmente los detectives famosos que recordaba. Sherlock Holmes (es el único y genial), Hércules Poirot y Jessica Fletcher, para intentar averiguar como actuarían ellos en este caso. Llegué a la conclusión de que ellos encontrarían al culpable por descarte. Por ejemplo quitarían a todas las mujeres (el robo ocurre en el baño de hombres, ¡qué deducción!) incluyendo a las de la limpieza, no creo que se arriesguen a perder su trabajo por un poco de papel.
Luego de entre todos los hombres debería ser alguien que lleve mochila, ya que el rollo es grande y es la única forma de pasar desapercibido, o al menos eso pienso yo. Así que seguí inflándome a agua y visitando el baño cada media hora y observando que antes de la hora de la comida, cada día hasta hoy, el rollo de papel desaparece.
¿Alguien puede ayudarme? ¿Se os ocurre alguna forma de descubrir quién se lleva el preciado tesoro? ¿Qué razones puede tener el ladronzuelo para hacerlo? Me muero de curiosidad pero estoy algo estancado. Pero eso sí, yo sigo investigando...
Si ya lo decía mi tatarabuela por parte de padre, que no hay mal que por bien no venga. Pues resulta que este verano mi cuerpo me ha dado dos pequeños sustillos en forma de cólico de riñón. Y aparte de los tremendos dolores que las famosas piedrecillas conllevan, los médicos me han aconsejado que beba agua en cantidades ingentes. Y uno que es obsesivo compulsivo, con toques hipocondriacos y cierto pánico al dolor, pues eso que me paso el día bebiendo agua, con sus consiguientes visitas al baño.
El otro día me ocurrió algo extraño en mi cuarta visita al baño del trabajo, en las tres anteriores había observado que el rollo de papel higiénico era de una longitud considerable, como para que un elefante se limpiara los mocos, pero cual fue mi sorpresa al observar que el rollo de pronto había desaparecido. No le di mayor importancia las doce siguientes veces que fui ese mismo día, pero al día siguiente mi curiosidad y mi capacidad de deducción me hizo llegar a una terrible conclusión tras ver en mi quinta visita de aquel día, que el rollo había vuelto a evaporarse. ¡Alguien lo estaba robando!
Entonces repasé mentalmente los detectives famosos que recordaba. Sherlock Holmes (es el único y genial), Hércules Poirot y Jessica Fletcher, para intentar averiguar como actuarían ellos en este caso. Llegué a la conclusión de que ellos encontrarían al culpable por descarte. Por ejemplo quitarían a todas las mujeres (el robo ocurre en el baño de hombres, ¡qué deducción!) incluyendo a las de la limpieza, no creo que se arriesguen a perder su trabajo por un poco de papel.
Luego de entre todos los hombres debería ser alguien que lleve mochila, ya que el rollo es grande y es la única forma de pasar desapercibido, o al menos eso pienso yo. Así que seguí inflándome a agua y visitando el baño cada media hora y observando que antes de la hora de la comida, cada día hasta hoy, el rollo de papel desaparece.
¿Alguien puede ayudarme? ¿Se os ocurre alguna forma de descubrir quién se lleva el preciado tesoro? ¿Qué razones puede tener el ladronzuelo para hacerlo? Me muero de curiosidad pero estoy algo estancado. Pero eso sí, yo sigo investigando...
(Lo mismo hasta continúa...)
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miércoles, 11 de agosto de 2010
Un día antes del Apocalipsis
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Joder, como me temía, al final no me ha quedado otra que terminar mis vacaciones y volver a la cruda realidad. Yo que siempre tengo la bonita esperanza de que mis días de libertad se hagan eternos por alguna extraña circunstancia, y que nunca se cumpla...
Además volver de vacaciones supone una serie de actos no exentos de cierta locura. Por ejemplo, nosotros últimamente, siempre dejamos un día en medio para "descansar" del viaje. Un día de transformación, para pasar de un estado a otro sin prisas. Pero no sé por qué ocurren cosas raras.
Por ejemplo, nos entra una extraña fiebre por poner lavadoras a tutiplén. Ponemos tres, cuatro o incluso cinco lavadoras en un mismo día... ¡con el trabajo que supone eso!. Y yo a veces me pregunto, qué pasa, que tenemos mañana un pase de modelos y necesitamos toda nuestra ropa limpia. Sobre todo, teniendo en cuenta que en cualquier otra fecha, se puede tirar una prenda sucia un mes y no pasa nada.
Y luego la nevera, que echas un vistazo y está tan triste y desangelada que te dan ganas de llorar, y lo más importante, ni un solo yogur a la vista. Porque parece que un frigorífico sin yogures no es un frigorífico. Así que a toda prisa, entre lavadora y lavadora, te vas al centro comercial a comprar a lo loco, como si fueras a morir de inanición en breves segundos. Y lo peor es cuando llegas a la zona de las cervezas, que te entran unos sudores fríos por el síndrome de abstinencia, y no te queda otra que abrirte una lata, aunque esté ardiendo.
Luego vuelves a casa, colocas todo lo que has comprado, recoges la ropa tendida, tiendes la que acaba de centrifugar... y te pones a hacer la cena. Eso sí, con una tremenda pereza, acostumbrado a que te cocine otro. Terminas esperando que alguien recoja todo, y ya deseperado te das cuenta que no te queda otra que hacerlo tú, y mientras recoges la ropa ya seca de la quinta lavadora te invade un extraño sentimiento, y es que te dan hasta ganas de volver a trabajar, piensas por un momento, al menos... allí descanso.
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Joder, como me temía, al final no me ha quedado otra que terminar mis vacaciones y volver a la cruda realidad. Yo que siempre tengo la bonita esperanza de que mis días de libertad se hagan eternos por alguna extraña circunstancia, y que nunca se cumpla...
Además volver de vacaciones supone una serie de actos no exentos de cierta locura. Por ejemplo, nosotros últimamente, siempre dejamos un día en medio para "descansar" del viaje. Un día de transformación, para pasar de un estado a otro sin prisas. Pero no sé por qué ocurren cosas raras.
Por ejemplo, nos entra una extraña fiebre por poner lavadoras a tutiplén. Ponemos tres, cuatro o incluso cinco lavadoras en un mismo día... ¡con el trabajo que supone eso!. Y yo a veces me pregunto, qué pasa, que tenemos mañana un pase de modelos y necesitamos toda nuestra ropa limpia. Sobre todo, teniendo en cuenta que en cualquier otra fecha, se puede tirar una prenda sucia un mes y no pasa nada.
Y luego la nevera, que echas un vistazo y está tan triste y desangelada que te dan ganas de llorar, y lo más importante, ni un solo yogur a la vista. Porque parece que un frigorífico sin yogures no es un frigorífico. Así que a toda prisa, entre lavadora y lavadora, te vas al centro comercial a comprar a lo loco, como si fueras a morir de inanición en breves segundos. Y lo peor es cuando llegas a la zona de las cervezas, que te entran unos sudores fríos por el síndrome de abstinencia, y no te queda otra que abrirte una lata, aunque esté ardiendo.
Luego vuelves a casa, colocas todo lo que has comprado, recoges la ropa tendida, tiendes la que acaba de centrifugar... y te pones a hacer la cena. Eso sí, con una tremenda pereza, acostumbrado a que te cocine otro. Terminas esperando que alguien recoja todo, y ya deseperado te das cuenta que no te queda otra que hacerlo tú, y mientras recoges la ropa ya seca de la quinta lavadora te invade un extraño sentimiento, y es que te dan hasta ganas de volver a trabajar, piensas por un momento, al menos... allí descanso.
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