Etapa 6 Airexe- Castañeda (30 kms.) 30-III-11
La sexta etapa comienza extraña, tras la cena del día anterior en el único bar del pueblo, la camarera nos pregunta a qué hora queremos desayunar al día siguiente. Le decimos que a las 8 está bien. Pero al dirigirnos al restaurante este no tiene vida, son las 8:15 y empezar a caminar sin comer nada se nos hace cuesta arriba. Esperamos un rato y poco a poco todos los que han dormido en el albergue con nosotros van partiendo, a una hora de camino hay un sitio para desayunar. Nosotros nos resistimos a comenzar, si ha dicho que abre es que abre. Pero, son las 9 y ni rastro de la mujer del restaurante, así que tras una hora de acordarnos de la buena mujer y de su sagrada familia comenzamos la etapa. Menos mal que siempre los primeros kilómetros se pasan volando, y pronto estamos tomando nuestro ansiado desayuno, obvia decir, que es el más suculento que hemos tomado en nuestra vida.
La etapa está llena de pronunciadas subidas y bajadas, lo que se hace muy duro, pero los paisajes son increíblemente verdes, menos el fosforito, se dan todas las tonalidades. De pronto algo ocurre, Dani va un poco por delante de mí, yo siempre me enredo haciendo fotos y más fotos, una mujer nos llama a lo lejos, se echa las manos a la cabeza y se santigua mientras dice: “Peregrinos, gracias a Dios, ayuda, por favor”. Cuando llego, observo que un coche tiene una rueda en una acequia y está inclinado de tal forma que las tres personas (los padres y la hija) no son capaces de sacarlo. Les ayudamos como podemos, empujamos de cualquier sitio, nos subimos detrás y con suerte, tras un buen rato lo conseguimos. Estamos más cansados, si cabe. Pero aunque vamos algo tarde, el hombre se empeña en invitarnos a una cerveza, nos sentamos en un gallinero y allí degustamos nuestro preciado trofeo. Siento que le hemos devuelto al Camino un poco de todo los que nos ha regalado. Mientras nos da mil gracias le pido al hombre que nos tome una foto, este es el movido resultado:

Nuestro siguiente objetivo es Casa Ezequiel, en el pueblo de Melide, dicen que se come uno de los mejores pulpos del camino. Tras dos horas de dura caminata lo alcanzamos, son las 15 horas y la ración de pulpo con cachelos es impresionante, no sé si vamos a ser capaces de seguir andando, aún nos quedan un par de horas para llegar a nuestro destino. Hemos hablado con Katya y Sergio sobre dónde dormiríamos, pero al ritmo que van ellos seguro que avanzan unos kilómetros más.
Sobre las 18 horas llegamos al albergue de Castañeda. Es un albergue privado que sólo tiene una habitación para cuatro, y una novedad: ¡las camas tienen sábanas y mantas! Cuando salgo de la reconstituyente ducha, veo que Katya y Sergio han llegado también, no sé cuándo les hemos adelantado ni cómo hemos conseguido llegar antes que ellos, sobre todo, con tanto pulpo en el cuerpo. Pero es una gran alegría. En la cena degustamos un fantástico menú del peregrino, y nos hemos reído bastante cuando Sergio se ha bebido unos cuantos chupitos de licor de hierbas, el suyo, el de Dani, el de Katja y otro que le ha regalado el simpático camarero. Katja se va dormir algo preocupada, seguro que esa noche alguien no le deja dormir a fuerza de ronquidos.