Etapa 7 Castañeda- Lavacolla (33 kms.) 31-III-11
Es un día extraño y novedoso, al despertarnos hace un sol rotundo, no hay ni una sola nube en el cielo coruñés, además ya sólo nos quedan dos etapas y unos 43 kms. Si queremos llegar a la misa del peregrino, que se celebra a las 12, tenemos que acercarnos mucho a Santiago o madrugar el último día. A mí me da igual, así que viendo el precioso día que hace, vamos a aprovechar y avanzaremos todo lo posible.
Pero el sol empieza a apretar demasiado, y aunque a Dani el calor le ha dado alas, a mí me ha venido algo peor, ya que las ampollas que estaban a punto de salir, han asomado la cabeza y a media mañana cada paso comienza a ser un suplicio. Ya no tengo claro con que parte del pie apoyarme, y el palo no puede hacer todo el trabajo. Además siento un nuevo peso, algo que llevaba en la mochila y cada paso que doy va pesando más, y es la sensación de que la aventura se va irremediablemente terminando.

Seguimos los cuatro, Katya, Sergio, Dani y yo, traspasando los increíbles bosques de eucaliptos que nos dan algún respiro bajo el sol abrasador del mediodía. Descansamos un rato comiendo un bocadillo en un bar perdido, donde el camarero y un guardia civil juegan al tute entre gritos, yo veo la escena en blanco y negro.
El siguiente descanso es en Pedrouzo, ya son las cinco de la tarde, siento que no puedo dar un paso más, y además ya no hay casi albergues hasta Santiago. La única opción es caminar unos 10 kms más para llegar al hotel que hay en Lavacolla, así que llamamos, reservamos habitación y sufro mientras veo como se aleja atrás, a lo lejos, el precioso albergue de Pedrouzo.
El último tramo es una verdadera tortura para mí, como si nuestro destino se alejara al mismo ritmo que doy cada paso. El sol no da tregua a mis pies, sólo quiero llegar y lo antes posible. Mis compañeros me dan ánimo y al fin, sobre las 19:30, vemos el letrero del hotel. Prácticamente hemos caminado de sol a sol. Ya sólo quedan unos diez kilómetros para Santiago. Al menos, pienso mientras escribo estas palabras en el hall del hotel, algo muy grave tiene que sucedernos para no conseguir finalizar nuestra aventura, y antes de las 12. Nunca pensé que tendría que hacer tanto esfuerzo para llegar a una misa..
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