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Vale que algunos restaurantes chinos sirvan gato al limón, vale que los chinos estén invadiendo el mundo poco a poco, vale que no haya dios que haya visto un entierro de un chino, vale que si todos los chinos del mundo saltaran a la vez cambiaría la órbita de la tierra, vale que los chinos la tienen pequeña, vale que el chino mandarín es el idioma del futuro, vale que los chinos son todos iguales y un documento de identidad vale para seis, vale que los chinos conocen los ruidos de las máquinas tragaperras y las dejan vacías, vale que los chinos no pagan impuestos...
¡¡Vale ya de tonterías!! ¿No?
No me negaréis que aparte de todas las leyendas absurdas que he pasado a enumerar, el gran invento que nos han traído los chinos es la salsa agridulce. Porque dejando a un lado su extraño color anaranjado en algunos restaurantes, no me digáis que no esconde una gran metáfora de como son todas las cosas de la vida. Porque yo estoy convencido de que prácticamente todo lo que nos ocurre es agrio y dulce a la vez.
Algunos ejemplos:
- Comienza el mundial de futbol pero no echan casi ningún partido por televisión, y por internet no hay manera de verlo sin perder la vista y los nervios.
- Con el frío que está haciendo de repente se me ha quitado la alergia, pero me he pillado un constipado que sigo con el pañuelo a todas partes.
- Mi trabajo me aburre de forma exagerada, pero disfruto mucho más cuando llega la hora de irme a casa al terminar la jornada...
Los ejemplos son abundantes, como los platos de los restaurantes chinos. Algo parecido ocurre con la lectura de esta entrada: dulce por el disfrute al leerlo y agrio cuando se termina. Bueno, no os pongáis así que pronto envío otra entrada, quién sabe sin con una salsa más española, la ali oli.
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Me parecen muy bien todas las leyendas urbanas de los chinos, pero a mí no me pillarán en un restaurante chino, ni con salsa agridulce ni con gato al limón, ni mucho menos para tomarme un té chi? No?
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