jueves, 28 de abril de 2011

Diario de un peregrino con legañas (III)

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Etapa 3- O Cebreiro- Triacastela (22 kms.) 27-III-11

A pesar de ser una de las etapas más cortas y en principio en descenso, ha sido sin duda la más dura y complicada hasta el momento. El regalo que nos hizo la noche anterior la naturaleza en forma de nieve, ha continuado por la mañana: nieve, granizo, lluvia y viento.






La nieve y el viento nos han acompañado las dos primeras horas que eran de cierto ascenso, como resultado a la hora mis botas se han calado y el pantalón de rodilla para abajo también. Hoy hemos realizado todo tipo de deportes: descenso de cañones, rutas con nieve, “hidrospeed corredoira” (se formaban riadas),… Los últimos 10 km eran en descenso, pero en nuestro estado de empapamiento, nuestra única meta era llegar al albergue y meternos en la secadora al completo. Y lo peor es que no hemos podido disfrutar del hermoso paisaje montañoso que se esbozaba tras la niebla. Y, peor aún, ¡sólo he podido hacer fotos con el móvil!

Ya en el albergue ha sucedido la cosa más surrealista que espero nos ocurra hasta Santiago. ¡Dani ha perdido el saco de dormir! Yo pensaba que era una broma cuando me lo ha dicho. Así que Dani ha vuelto al albergue municipal (ya que esta noche nos hemos quedado en uno privado) a ver si alguien lo ha visto y lo ha llevado hasta allí. En la siguiente hora en la que no sé nada de él, aprovecho para poner la lavadora, la secadora, mirar internet… hasta que recibo una llamada de Dani. Una niña le ha dicho que ha visto el saco en el suelo, va a buscarlo. Doy un paseo por Triacastela, hago alguna foto de la iglesia y suena otra vez el teléfono. Es Dani, al desandar el Camino se ha perdido, está en un banco de niebla, con bastante frío y desorientado. Desde donde yo estoy no se alcanza a ver niebla, debe estar detrás de unas montañas a lo lejos, me dice el número de la carretera y el kilómetro.

Busco en el pueblo alguien que me pueda acercar. Me comentan unas simpáticas lugareñas que en el bar hay un taxista. Resulta que es un viejecillo que no se pone el cinturón y coge las curvas como le da la gana. Cuando señala las montañas observo que le falta un trozo del dedo índice, (mal rollo). Al poco aparece “el hombre del saco” (Dani), sin el mismo, que empezará a formar parte del Camino de Santiago, y si nadie lo mueve en algún tiempo empezará a aparecer en las guías y hasta le harán un monumento.

Al fin volvemos al albergue el pseudotaxista, el calado y moribundo Dani, y yo algo acojonado por los modos de conducir del personaje. En la habitación dormimos con una suiza y un italiano con los que casi no intercambiamos palabras. Dani se plantea si al día siguiente será capaz de dar un paso o tendrá que ir en transporte público, también se pregunta si podrá comprar un saco y dónde. Yo escribo estas palabras rezando para que mañana la lluvia nos dé una tregua, aunque la verdad es que no tiene pinta. ¡Bendita Galicia!
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1 comentario:

  1. Yo ya os avisé que el tercer día era el más duro. Y no contaba ni con la nieve, ni con la niebla, ni con perder saco, ni con perderse uno mismo, ni con un taxista surrealista suicida...!!!
    Si ya me dijeron a mí que: ¡En el camino, te encuentras con cada personaje!

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