lunes, 16 de mayo de 2011

Diario de un peregrino con legañas (IV)

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Etapa 4. Triacastela – Ferreiros (33 kms.) 28-III-11.

Despertarse tras la paliza del día anterior y pensar que debemos caminar más de 30 kms. se hace duro. Pero al menos no llueve, aunque el cielo sigue encapotado. Los primeros pasos son siempre dubitativos, comienzas cojeando ostensiblemente y con la sensación de no poder caminar, pero poco a poco los músculos se van engrasando y a los diez minutos ya andas normal, como si no estuvieras cansado. Esto ocurre irremisiblemente con cada pequeño descanso.

Según salimos del pueblo el paisaje es de un verde tan espectacular que hace daño a los ojos. Y es entonces cuando te das cuenta que merece la pena el sufrimiento y hasta se te olvida que te duele todo. Tras un par de horas por unos parajes increíbles hacemos la primera parada en un bar, que nunca olvidaremos. Mientras tomamos un refresco se nos sienta enfrente un viejecillo tomando un vaso de vino. Todo normal hasta que el lugareño comienza con su extraño tic: se aúpa sobre la mesa, mira a un lado y a otro, hace un extraño gesto con la lengua, y se vuelve a sentar. Todo relativamente normal hasta que vuelve a repetir el mismo gesto unas quince veces más. Nos empieza a dar el ataque de risa, parece que el hombre se está despachando a gusto con sus gases. Mientras pagamos la consumición llorando de la risa, nos conformamos, al menos no huele mal.

Sigue la etapa por unos preciosos caminos y sobre la hora de comer llegamos a Sarria. comemos algo y vamos a la tienda del peregrino a comprar un saco de dormir, con tan mala suerte que la tienda está cerrada, abre en dos horas. No podemos esperar así que continuamos nuestro Camino. A la salida un hermoso puente, nos quedan unos 13 kms. Para el destino. En este trozo vamos traspasando pueblos muy pequeños, de menos de quince habitantes, también se ven algunas vacas, ovejas, cabras, perros y un fantástico olor a queso podrido aderezado por momentos con un denso olor a mierda, que tampoco falta.





Tras beber agua en una fuente, al levantarse a Dani le da un pinchazo en la pierna, nos quedan unos 6 kms. aún. A mí también me duele todo, así que la última hora y media se hace un suplicio para los dos. Al fin llegamos al pequeño albergue de Ferreiros, donde nos damos cuenta que hemos olvidado sacar dinero en Sarria. Tenemos para pagar el albergue y 3 euros más. ¡Maldito dinero, lejos de la civilización también es necesario! En un bar en la siguiente aldea con un curioso cartel: CAMAS GRATIS, le cuento la situación a una simpática mujer y lo primero que me dice es: “Aquí no te vas a quedar sin cenar”. Es de las cosas bonitas que ocurren en el Camino, nos dan de cenar y al día siguiente de desayunar y nosotros le dejamos el dinero a su nombre en el estanco de Portomarín. Junto a nosotros cenan Katja y Sergio, charlamos sobre los roncadores entre risas y volvemos al albergue. La mujer que lo cuida me dice que cuando seamos doce que cierre la puerta. Aprovechando la primera noche con el cielo despejado salgo a ver las estrellas (aunque ya las hemos visto muchas veces en sentido figurado).


Enseñanza del día: Nunca te pongas debajo de un árbol, si pretendes observar las estrellas. Comprobado empíricamente.
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1 comentario:

  1. Gentes extrañas con extraños tics, mesoneras que te fian y dolores en los dolores. Eso es el Camino!

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