lunes, 16 de abril de 2012

Para ese extraño personaje con mascarilla

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Este es un mensaje que lanzo a todos los dentistas, odontólogos y auxiliares de odontología que lean este blog. Bueno, como seguramente haya uno o ninguno, confío en que vosotros conozcáis a alguno y podáis extender este sincero mensaje.

El caso es que en las últimas semanas mis visitas al dentista se han hecho más regulares de lo había ocurrido en los últimos años para desgracia de mi cuerpo y, sobre todo, para desdicha de mi agujereado bolsillo. Tras la primera visita en la que los queridos odontólogos descubrieron que dentro de mi boca había una mina, acudo todas las semanas con resignación y cierto miedo escénico.

El último día, el martes pasado, la querida dentista y su auxiliar, ambas mujeres, se dedicaron durante la hora y cuarto que estuvieron asomadas a mi desencajada boca, a hablar de sus cosas personales. Una de ellas, estaba preparando su boda y la otra con ansia cotilla, la iba sonsacando todos los detalles.

Hasta aquí bien, no es uno de mis temas favoritos, los bodorrios, pero bueno, no queda otra. Lo que no termino aún de comprender es que en aquella situación incómoda para mí, pretendan meterme en su conversación e interactuar conmigo, sin pensar en ningún momento en mi boca abierta llena de aparatos. Comienzan haciendo bromas en las que su intención parece ser que me ría, sé que se dirigen a mí porque dicen mi nombre y además me golpean el brazo para que me sienta integrado.

Aquí comienza mi trascendental mensaje: pero es que no se dan cuenta que no puedo contestarlas y que si lo hiciera es probable que el “torno” ese odioso que tienen vibrando dentro de mi boca me trepanaría la encía o me haría el tercer agujero de la nariz. Pero es que no conciben que lo que menos me apetece en ese momento es reírme, ni hablar de trajes de boda o de invitados.

Bueno, en definitiva, que si conocéis algunas de estas extrañas personas que hurgan en nuestras malogradas bocas por un módico precio, os agradecería un montón que les trasladéis este sincero mensaje. Todo sea por el bien de la humanidad.

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3 comentarios:

  1. ¿Te fiarías de un dentista cuya vocación frustrada era ser humorista y encima se apellida Bocanegra?
    Pues ese es el mío.

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  2. ¡Y el mío! Primero te pregunta, luego responde por ti y al final de la intervención tengo que desmentir sus palabras. Ejemplo: "Pues claro que comías muchos dulces de pequeño ¿Eh? Y no te lavabas mucho la boca ¿Eh?" En fin. Es un momento de máxima vulnerabilidad.

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  3. Y que decis de esa fantástica frase que he escuchado a cuanto dentista he visitado, extensible a algún otra especialidad médica: "Ahora vas a sentir una lígera molestia"
    Si escuchais esto, echaros a temblar, porque vais a sentir un dolor tal que se os va olvidar hasta vuestro nombre, y mucho más la mano que teníais que levantar como señal para que parara la tortura.
    En mi caso fuí hace 10 días para una revisión, y ya me han anestesiado la boca tres veces, limpiado las encias por dentro, sacado dos muelas del juicio y puestos un par de puntos. Y esto no ha hecho más que empezar, pues para la semana que viene me quitan otras dos muelas, me empastan otra, y me pelearé con la ortodoncista para que no me ponga el aparato que quiere ponerme.
    Conclusión... no vayais al dentista!!! Es preferible que se os caigan los dientes cuando la madre naturaleza desee.

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